Mole Antonelliana: ascensor panorámico y Museo del Cine en Turín

La Mole Antonelliana, iniciada en 1863 como sinagoga y con 167,5 metros de altura, domina el horizonte de Turín. Alberga el Museo Nacional del Cine y un ascensor panorámico que lleva a la terraza con vistas a la ciudad y al arco alpino.

  • Ascensor panorámico transparente que sube hasta 85 metros de altura
  • Museo Nacional del Cine con colecciones desde linternas mágicas hasta trajes de escena
  • Vista de 360 grados sobre Turín y, en días despejados, sobre el arco alpino
  • Arquitectura icónica con historia que comienza en 1863

Copertina itinerario Mole Antonelliana: ascensor panorámico y Museo del Cine en Turín
Subir en el ascensor transparente hasta la terraza a 85 metros para una vista de 360° sobre Turín y los Alpes. Visitar el Museo Nacional del Cine con colecciones desde linternas mágicas hasta trajes de escena.

Información útil


Introducción

La Mole Antonelliana no es solo un monumento, es una experiencia. La primera vez que la ves, te impacta inmediatamente: se alza aislada en el cielo turinés, con esa forma esbelta que parece desafiar las leyes de la física. No es un palacio, no es una iglesia – es un símbolo puro, que cuenta la ambición de una ciudad. Cuando pasas cerca, quizás por la noche con las luces que la iluminan, entiendes por qué los turineses le tienen tanto cariño. Es un punto de referencia visual, pero también emocional: te da la impresión de que Turín siempre tiene algo más que mostrar, algo único. Y además, digámoslo: subir hasta allí es una aventura que no se olvida.

Apuntes históricos

La historia de la Mole es un poco una historia de replanteamientos. Inicialmente, iba a ser una sinagoga, encargada por la comunidad judía de Turín en 1863. Sin embargo, el arquitecto Alessandro Antonelli tenía ideas grandiosas – quizás demasiado grandiosas. Los costos se dispararon, los plazos se alargaron, y al final el proyecto fue asumido por el Ayuntamiento de Turín. Antonelli trabajó en ella hasta su muerte, en 1888, sin verla completada. Su hijo Costanzo continuó las obras, y la Mole fue finalmente inaugurada en 1889. Curiosidad: la aguja original se derrumbó en 1953 debido a un tornado, y fue reconstruida en metal. Hoy alberga el Museo Nacional del Cine, una elección perfecta para un edificio tan visionario.

  • 1863: inicio de las obras como sinagoga
  • 1888: muerte de Alessandro Antonelli
  • 1889: inauguración oficial
  • 1953: derrumbe de la aguja original
  • 2000: apertura del Museo Nacional del Cine

El ascensor panorámico: un escalofrío hacia el cielo

Tomar el ascensor de la Mole es una experiencia que se te queda grabada. No es una simple subida: la cabina es transparente y asciende por el vacío central del edificio, ofreciéndote una vista de 360 grados de la estructura interior, con esos arcos y escaleras de caracol que parecen sacados de una película de ciencia ficción. En pocos segundos, llegas a la terraza panorámica a 85 metros de altura. Desde allí, Turín se despliega bajo tus pies como un mapa vivo: ves el Po serpenteando, los Alpes al fondo (en días despejados se ven perfectamente), los tejados de los palacios históricos. Yo estuve allí al atardecer, y el cielo anaranjado que envolvía la ciudad era pura magia. Atención, sin embargo: si sufres de vértigo, prepárate – el efecto es impresionante en el sentido más literal de la palabra.

El Museo Nacional del Cine: un viaje en el séptimo arte

Visitar el Museo Nacional del Cine dentro de la Mole es como entrar en un sueño. No es un museo tradicional: se desarrolla en espiral siguiendo la estructura del edificio, y cada planta te cuenta una historia diferente del cine. Comienzas desde los orígenes, con las linternas mágicas y los primeros proyectores, y al subir encuentras trajes de escena, carteles de época, sets reconstruidos. La sala central, con los sillones rojos dispuestos en anfiteatro y la pantalla gigante, es espectacular – a veces proyectan películas mudas acompañadas en vivo con el órgano. Yo me perdí entre las exposiciones sobre los grandes directores italianos, desde Fellini hasta Leone, y adoré la sección interactiva donde puedes probar a doblar una escena. Es un lugar que celebra la creatividad, y parece casi natural que esté alojado en un edificio tan audaz.

Por qué visitarla

Tres razones concretas para no perdértela. Primera: la vista panorámica es incomparable – desde ningún otro punto de Turín tienes una perspectiva tan amplia y sugerente. Segunda: el Museo Nacional del Cine es uno de los más originales de Italia, perfecto para apasionados pero también para curiosos, con montajes envolventes que gustan incluso a los niños. Tercera: es un icono arquitectónico único, una mezcla de neoclásico y modernismo que cuenta la historia de la ciudad de manera visceral. Y además, digámoslo, hacerse una foto con la Mole de fondo es un imprescindible para cualquier visitante de Turín.

Cuándo ir

¿El mejor momento? Yo te recomiendo la tarde tardía en un día despejado de otoño. El aire es fresco, el cielo suele estar límpido, y la luz del sol que se pone tiñe la piedra de la Mole de tonos cálidos, dorados. Subir en ascensor a esa hora te regala un panorama con los Alpes rosados al fondo y las primeras luces de la ciudad que se encienden. En verano, en cambio, puede estar concurrido – pero si vas temprano por la mañana, evitas las colas y disfrutas de la tranquilidad. En invierno, con la niebla, tiene un encanto misterioso, aunque la vista desde la terraza podría estar limitada. En fin, cada estación tiene su porqué, pero ese atardecer otoñal para mí es insuperable.

En los alrededores

Después de la Mole, continúa la exploración del centro. A pocos pasos se encuentra el Palazzo Madama, con su fachada barroca y el museo cívico de arte antiguo – entrar en el patio medieval es un salto en el tiempo. Un poco más allá, llega a la Galería Subalpina, un pasaje cubierto del siglo XIX con cafés históricos, perfecto para una pausa. Si te interesa el cine, date una vuelta por el Cinema Massimo, el multicine histórico donde a menudo proyectan películas en versión original. Y si tienes ganas de un poco de verde, el Parque del Valentino está a unos veinte minutos a pie, a lo largo del Po: ideal para un paseo relajante después de la visita.

💡 Quizás no sabías que…

¿Sabías que la Mole Antonelliana fue inicialmente diseñada como sinagoga? La comunidad judía turinesa encargó la obra al arquitecto Alessandro Antonelli, pero los costes excesivos y las modificaciones estructurales llevaron al abandono del proyecto. El Ayuntamiento de Turín adquirió el edificio en 1877, destinándolo a museo del Risorgimento y, posteriormente, a sede del Museo del Cine. Otro detalle curioso: la aguja, originalmente de 47 metros de altura, fue reconstruida después de un tornado en 1953, utilizando una estructura de hormigón armado revestida en piedra. Hoy, cada año, durante el Festival de Cine de Turín, la Mole se ilumina con proyecciones especiales, convirtiéndose en una pantalla al aire libre.