El Área Arqueológica de Libarna, en Serravalle Scrivia, conserva aproximadamente una décima parte de la antigua ciudad romana a lo largo de la vía Postumia. Entre teatro, anfiteatro y domus con el mosaico de Licurgo y Ambrosía, el yacimiento narra la vida imperial y se puede visitar con entrada gratuita. La sala museística del Palacio Municipal completa el recorrido con hallazgos del siglo XIX.
– Teatro romano: restos del siglo I d. C., con una estimación de unos 3.800 asientos.
– Anfiteatro: estructura elíptica integrada en el tejido urbano, calculada para unos 7.000 espectadores.
– Domus y mosaicos: suelos marmóreos y el gran mito de Licurgo y Ambrosía.
– Acceso: entrada libre, visitas guiadas con reserva previa y zona accesible.
Área Arqueológica de Libarna: teatro y mosaicos romanos
El Área Arqueológica de Libarna, en Serravalle Scrivia, no es el típico yacimiento rodeado de carteles: es una ciudad romana que emerge entre prados y vías de tren, con el teatro, el anfiteatro y dos manzanas de domus. Al llegar a Via Arquata 63 se entiende enseguida que lo que se ve es solo una parte de la antigua Libarna, que se extendía unas 23 hectáreas: hoy se visita aproximadamente una décima parte del núcleo urbano. Aun así, basta con poco para percibir la escala urbana: calles empedradas, patios porticados, mosaicos. La entrada es gratuita y la visita libre; para grupos y escuelas se requiere reserva y visitas guiadas. Desde junio de 2022, la gestión está a cargo de la Dirección Regional de Museos de Piamonte, con la Asociación Libarna Arteventi para la acogida y la puesta en valor. A mí me impresionó el contraste entre la tranquilidad del lugar y la cantidad de historia concentrada en pocos pasos. No esperen un recorrido “museo”: aquí se camina dentro de la ciudad antigua, y ese ya es motivo suficiente para detenerse.
Breve historia
Libarna nace junto a la
vía Postumia, una calzada del
148 a.C. que unía Génova con Aquileia. El topónimo es prerromano y el territorio ya estaba frecuentado en el Neolítico; la ciudad romana se desarrolla desde el siglo I a.C. y se convierte en
municipium entre el 89 y el 49 a.C., adscrita a la tribu Maecia. Plinio el Viejo la menciona. Entre los siglos I y II d.C. alcanza su máximo esplendor, con foro, templos, teatro, anfiteatro, termas y domus. La crisis llega con el siglo III, cuando cambian las rutas viarias; Libarna se reduce a una aldea y queda abandonada, mientras la población se traslada hacia Serravalle y Arquata. El redescubrimiento se produce en el siglo XIX, entre la Strada Regia dei Giovi y los ferrocarriles Turín-Génova y Milán-Génova.
- 148 a.C.: vía Postumia
- 89-49 a.C.: municipium
- siglos I-II d.C.: máximo desarrollo
- siglo III d.C.: crisis
- 1820-1823: redescubrimiento
Teatro y anfiteatro: las dos almas del espectáculo romano
El teatro y el anfiteatro son los dos polos más reconocibles. El teatro, datable entre finales del siglo I y principios del II d. C., podía albergar a unos 3.800 espectadores; tenía una entrada central y seis secundarias, un ambulacro columnado y un amplio espacio porticado a modo de foyer. Hoy se encuentra parcialmente afectado por el paso de dos líneas ferroviarias, lo que lo hace visualmente más fragmentario. El anfiteatro, construido en la segunda mitad del siglo I d. C. o en el II, estaba integrado en el tejido urbano y ocupaba dos manzanas. Según los cálculos volumétricos sobre los cimientos, podía acoger a unas 7.000 personas, con dos órdenes, gradas y una logia para los espectadores de pie. La entrada principal daba al decumano máximo y estaba flanqueada por doce corredores secundarios. Al caminar entre las estructuras, lo que llama la atención es la escala: no estamos ante un monumento aislado, sino ante edificios concebidos para una ciudad viva.
Domus, mosaicos y el mito de Licurgo
Las manzanas residenciales cuentan la vida cotidiana de Libarna. Las domus, construidas a partir de finales del siglo I a. C., se organizaban en torno a un patio porticado, el peristilo, con pozos y fuentes; el agua llegaba desde el acueducto alimentado por el arroyo Borlasca. Algunas viviendas eran muy amplias y ricas, con pavimentos de losas de mármol. El elemento más destacado es el gran mosaico con el mito de Licurgo y Ambrosia, que da testimonio del nivel decorativo alcanzado en época imperial. La construcción del anfiteatro modificó parte de la manzana, con la apertura de comercios y de una posada: un detalle que hace pensar en un barrio de todo menos silencioso. Entre los hallazgos se encuentran pequeñas esculturas de ámbar, una Victoria en bronce, una estatuilla de Minerva y una maqueta de faro. Algunos materiales se encuentran en el Museo de Antigüedades de Turín y en los Museos Cívicos de Génova; otros se pueden ver en la sala expositiva de Serravalle Scrivia.
De la visita libre a la sala museística
La visita se divide en dos etapas. En el Área Arqueológica de la calle Arquata 63 se entra gratis y se puede pasear libremente entre el teatro, el anfiteatro, las calles y las domus; para escuelas y grupos la reserva es obligatoria, con visitas guiadas a cargo de la asociación Libarna Arteventi. En ocasiones especiales se utiliza también Touch Libarna, una aplicación con reconstrucciones en 3D. El área es accesible para personas con discapacidad. La segunda etapa es la sala museística del Palacio Municipal, en la calle Berthoud 49: conserva las colecciones Capurro y Varni, con piezas de las primeras excavaciones del siglo XIX, capiteles, molduras, epígrafes, vasijas y lucernas. La entrada es gratuita y la visita se realiza en el horario de las oficinas municipales o con reserva. Yo recomiendo no saltársela: después de ver los restos, los materiales ayudan a situar mejor la ciudad. Los horarios y las aperturas cambian, así que conviene consultar los canales oficiales antes de partir.
Por qué visitarlo
Tres razones concretas. Primera: la entrada es gratuita y la visita es libre, así que se puede dedicar al sitio el tiempo que se quiera sin condicionamientos de entrada. Segunda: aquí se ven juntos teatro y anfiteatro, dos edificios espectaculares que normalmente se encuentran en contextos distintos, con aforos estimados de unos 3.800 y 7.000 espectadores. Tercera: el mosaico de Licurgo y Ambrosía y las domus con peristilo dan una idea muy vívida de la vida romana, no solo de la monumentalidad pública. Además, la sala museística del Ayuntamiento completa el panorama con piezas que de otro modo quedarían lejos. La ubicación junto a la vía Postumia ayuda también a entender por qué Libarna era un nudo estratégico entre Génova y Aquileia. No es un yacimiento “todo explicado”: es más bien un lugar que se lee caminando, y quizá eso sea precisamente lo bonito.
Cuándo ir
No hay un momento perfecto, pero algunos detalles ayudan. Al ser una zona al aire libre, un día seco cambia de verdad la experiencia: los senderos y los restos se disfrutan mejor sin barro. Evitaría las horas centrales de los días más calurosos, porque entre el teatro y el anfiteatro no hay mucha sombra; mejor a primera hora de la mañana o a última hora de la tarde, cuando la luz rasante hace resaltar los volúmenes de los cimientos y los mosaicos. En temporada intermedia el sitio está más tranquilo y se puede parar sin prisa. Antes de ir, eso sí, consulten siempre el calendario de apertura: los horarios han cambiado con el tiempo y las visitas guiadas requieren reserva para grupos y escuelas. Si coincide con eventos o con las Jornadas Europeas de Arqueología, puede merecer la pena organizarse: las aperturas especiales añaden visitas y actividades.
En los alrededores
Fuera del recinto arqueológico, Serravalle Scrivia merece un paseo por su centro: es uno de los pueblos a los que, según las fuentes, se trasladó la población cuando Libarna perdió importancia. Así se cierra el círculo entre ciudad romana y pueblo medieval. No muy lejos, también Arquata Scrivia está ligada a los destinos de Libarna: las fortificaciones de Serravalle y Arquata se citan como causa del traslado definitivo de sus habitantes a emplazamientos mejor defendidos. Otra idea es volver a la sala museística del Palacio Municipal, si aún no la habéis visto: es la continuación natural de la visita y conserva piezas de las excavaciones del siglo XIX. No esperéis grandes distancias ni un itinerario complicado: aquí lo interesante es reflexionar sobre cómo un paisaje de llanura y colinas ha cambiado de papel con el tiempo. En la zona, la vía Postumia sigue siendo el hilo conductor ideal.