La Iglesia de San Agustín en Siena, construida en el siglo XIII y ampliada en el XV, es una joya gótica escondida entre las callejuelas cerca de la Piazza del Campo. En su interior, la luz que se filtra por las vidrieras ilumina frescos renacentistas y obras de maestros sieneses, creando una atmósfera de silencio contemplativo. La iglesia se encuentra en la via Sant’Agostino y es fácilmente accesible a pie desde el centro.
- Obras de Simone Martini: Fragmentos del políptico dedicado a San Agustín en la capilla a la derecha del ábside.
- Capilla Piccolomini: Ciclo de frescos renacentistas que narran historias de la vida de San Agustín.
- Capilla de San Bartolo: Decoraciones renacentistas entre los puntos más fotografiados de la iglesia.
- Sacristía: Conserva objetos litúrgicos antiguos y documentos históricos que relatan siglos de devoción.
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Iglesia gótica del siglo XIII con obras maestras de Simone Martini, Francesco di Giorgio Martini y la Capilla Piccolomini. Fácilmente accesible a pie desde el centro de Siena, ofrece arte sienés auténtico lejos de las multitudes.
Información útil
Una joya gótica fuera de las rutas turísticas
Apuntes históricos
- 1258: Fundación del primer complejo agustiniano.
- 1324-1340: Reconstrucción en formas góticas tras un incendio.
- Siglo XV: Adición de importantes obras renacentistas y frescos.
- Siglo XVIII: Intervenciones barrocas que alteran su aspecto.
- Siglo XX: Restauraciones que restauran el carácter gótico.
La obra maestra oculta de Simone Martini
Los frescos de la Capilla Piccolomini
Por qué visitarla
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💡 Quizás no sabías que…
La iglesia conserva una reliquia particular: un fragmento de la Cruz de Cristo donado en el siglo XIV, que aún hoy se expone durante algunas celebraciones. En la capilla de San Bartolo, observa atentamente los frescos: entre las figuras sagradas, los artistas han insertado retratos de ciudadanos sieneses de la época, creando un puente entre lo divino y lo humano. Según una leyenda local, durante los trabajos de restauración se encontraron rastros de pigmentos azules tan intensos que hicieron pensar en el uso del precioso lapislázuli, señal de la riqueza de los comitentes. La iglesia también albergó temporalmente la famosa Maestà de Simone Martini cuando el Palazzo Público estaba en restauración, un detalle que pocos conocen.






