Introducción
Entrar en el Palacio Real de Turín es como dar un salto atrás en el tiempo, directamente en el esplendor de la corte saboyana. La fachada austera en la Piazzetta Reale no prepara para el lujo de los interiores: salas con frescos, lámparas de cristal, tapices preciosos. Es uno de los complejos museísticos más importantes de Italia, parte del Patrimonio de la UNESCO desde 1997. Aquí se respira realmente la historia de Italia, desde el ducado hasta el reino. Si pasas por Turín, no puedes perdértelo.
Apuntes históricos
La historia del Palacio Real comienza en 1563, cuando Manuel Filiberto traslada la capital a Turín y establece la corte en el antiguo palacio episcopal. En 1584, Carlos Manuel I encarga a Ascanio Vitozzi la construcción de una residencia digna de la casa real. A lo largo de los siglos, arquitectos como Guarino Guarini (Capilla de la Sábana Santa), Felipe Juvarra (Escalera de las Tijeras) y Pelagio Palagi (reja) lo transforman. Tras la Unidad de Italia, Turín pierde la capitalidad (1864) y el palacio pierde su función de residencia. Desde 1946 es propiedad del Estado. Aquí está la cronología:
Salones y maravillas del piso noble
El primer piso noble es una sucesión de salones de una belleza casi abrumadora. El Salón de los Suizos recibe con imponentes candelabros, mientras que la Sala del Trono de Carlos Alberto es quizás la más suntuosa, con terciopelo rojo y dorados. La Galería del Daniel (fresqueada por Daniel Seiter en 1688) es un derroche de alegorías. Personalmente, quedé encantado con el Gabinete Chino de Beaumont: paredes recubiertas de lacas orientales y figuras exóticas. Cada sala cuenta una parte de la historia, entre muebles de época, porcelanas y techos tallados. Haría falta todo el día para admirarlas con calma.
Obras maestras ocultas: Capilla de la Sábana Santa y Escalera de las Tijeras
Dos joyas arquitectónicas hacen único al Palacio Real. La Capilla de la Sábana Santa, diseñada por Guarino Guarini, es una obra maestra barroca que juega con la luz y las formas geométricas. Dañada por el incendio de 1997, fue restaurada y hoy se puede admirar en todo su esplendor. La otra maravilla es la Escalera de las Tijeras de Filippo Juvarra (1720): una doble rampa de mármol que sube al segundo piso con elegancia. Al subir, parece que uno está suspendido. Son dos ejemplos de cómo la arquitectura puede crear atmósferas casi espirituales.
Por qué visitarlo
Tres motivos prácticos. Primero: UNESCO sin colas: el palacio forma parte de las Residencias Sabaudas, pero a menudo menos concurrido que Venaria Reale. Segundo: la Armería Real es una de las colecciones de armas más importantes del mundo – más de 5.000 piezas entre armaduras, espadas y fusiles, expuestas de forma escenográfica. Tercero: el primer domingo de mes la entrada es gratuita (como todos los museos estatales). Un chollo para quienes viajan con poco presupuesto. Además, el billete único (12€) incluye también la Galería Sabauda y el Museo Arqueológico.
Cuándo ir
Si puedes elegir, te recomiendo un martes o jueves por la mañana, poco después de la apertura (9:00). La luz que entra por las ventanas de las salas es fantástica para las fotos, y se evita la multitud del fin de semana. En otoño o primavera, además, el clima en Turín es perfecto para pasear también por los Jardines Reales (diseñados por André Le Nôtre). En verano puede hacer calor y hay más turistas, pero si llegas hacia las 17:00, la tarde está menos concurrida. En fin, evita los lunes (cerrado) y las horas centrales de los festivos.
En los alrededores
Justo al salir del palacio, te encuentras en la Piazza Castello, el corazón de Turín. Desde allí, a pocos pasos llegas a la Catedral de San Juan Bautista, donde se guarda la Sábana Santa (no siempre visible). Si aún tienes energía, el Museo Egipcio está a 5 minutos a pie – uno de los más importantes del mundo. O, para un descanso, los soportales de Via Po te llevan al café histórico Mulassano o al Caffè Torino, donde degustar un bicerin. Dos experiencias que completan la visita.