El Templo de Apolo en Siracusa es una parada imprescindible para quienes visitan Ortigia. Este templo dórico, el más antiguo de Sicilia, data del siglo VI a.C. y atestigua la grandeza de la colonia griega. Su posición central lo hace fácilmente accesible durante un paseo por el centro histórico. Las columnas supervivientes muestran claramente la estructura original, mientras que los restos del basamento permiten imaginar las dimensiones imponentes del edificio. La visita es gratuita y se puede admirar el templo también por la noche, cuando está iluminado. La posición estratégica en el corazón de Ortigia lo hace perfecto para incluirlo en un itinerario que comprenda también la Fuente Aretusa y la Catedral. El acceso libre permite acercarse a las ruinas sin restricciones de horario, ofreciendo una visión directa de la historia griega de Siracusa.
El Templo de Apolo en Siracusa, en la isla de Ortigia, es el templo dórico más antiguo de Sicilia. Descubre su historia milenaria, las columnas supervivientes y su posición estratégica en el corazón del centro histórico.
- Vicolo Primo ai Lettighieri, Siracusa (SR)
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Información útil
Introducción
Apuntes históricos
- Finales del siglo VII – principios del siglo VI a.C.: Construcción del templo dórico dedicado a Apolo.
- Época bizantina: Transformación en basílica cristiana.
- Período árabe: Conversión en mezquita.
- Época normanda: Retorno a iglesia cristiana.
- Siglo XVI: Uso como cuartel y viviendas.
- Años 40 del siglo XX: Excavaciones arqueológicas que redescubren la estructura griega.
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El templo ha tenido una historia compleja: después de ser un lugar de culto griego, se transformó en iglesia bizantina, luego en mezquita árabe y finalmente en iglesia normanda. Durante las excavaciones se encontraron inscripciones que mencionan al tirano Gelón, quien lo hizo construir. Una curiosidad: algunas columnas presentan agujeros que probablemente servían para fijar decoraciones de metal, hoy perdidas. La posición del templo, a la entrada de Ortigia, no era casual: debía ser lo primero que los visitantes veían al llegar desde el antiguo puerto, símbolo del poder y la devoción de la ciudad.
