El Castillo Pallavicino de Varano de’ Melegari es una fortaleza medieval encaramada a un peñasco de arenisca, con tres torres alineadas y una torre del homenaje del siglo XIII. Las visitas guiadas, realizadas por guías ataviados con trajes de época, revelan la prisión de Bentivoglio, los caminos de ronda y el salón de honor con frescos. Abierto los fines de semana de marzo a octubre, ofrece eventos, recreaciones históricas y actividades para familias. Esto es lo que lo hace único:
– Arquitectura defensiva con muros de hasta 4 metros de espesor y entrada protegida.
– Leyenda del fantasma de Beatrice Pallavicino, avistada vestida de blanco.
– Visitas con trajes de época y escape room “El secreto de los templarios”.
– Panorama sobre el valle del Ceno y ambiente auténtico.
Introducción: el Castillo Pallavicino en Varano de’ Melegari
El Castillo Pallavicino en Varano de’ Melegari no pasa desapercibido: está enclavado sobre un peñasco de piedra arenisca, en una posición estratégica para controlar el valle del Ceno, cerca de su confluencia con el Taro. Al llegar desde el pueblo, el impacto es el de una fortaleza medieval concebida para ser inexpugnable, con muros de hasta cuatro metros de grosor y un perfil que sigue el espolón rocoso. ¿Qué es lo que más llama la atención? El sistema de entrada: tres torres macizas alineadas en el mismo frente, con el portón retirado en la base de la central. Dentro, el patio cuadrado, la torre del homenaje, los pasos de ronda y el jardín forman un recorrido íntimo, casi suspendido sobre el pueblo. Hoy se visita con guías ataviados con trajes medievales, entre la prisión de Bentivoglio, el salón con frescos y las vistas a las colinas. Un lugar donde la piedra cuenta más de mil años de historia, sin necesidad de demasiadas explicaciones.
Apuntes históricos: Pallavicino, Visconti y asedios
Las primeras huellas se remontan a la
Crónica Pallavicina de 1087, cuando el castillo pertenecía a Uberto Pallavicino. En 1208, la comuna de Parma lo reconstruyó sobre una fortificación del siglo XI; en 1249 Federico II invistió a Oberto II con el feudo. En 1297, Parma, hostil a los gibelinos Pallavicino, ordenó su destrucción: las fuentes no coinciden sobre la demolición. Desde el siglo XV los Pallavicino lo reedificaron; en 1431, Rolando el Magnífico fue investido de él por Filippo Maria Visconti. En 1442, el castillo se convirtió en prisión de Annibale I Bentivoglio, liberado el 6 de junio de 1443. Rolando lo remodeló en 1452, dándole su aspecto actual. En 1550 fue saqueado; en 1551, ocupado durante la guerra de Parma. En 1636 fue incendiado por los españoles. En 1782 murió el último marqués Ercole; en 1805 se abolieron los feudos. En 1828 pasó a los Grossardi; en 1965 a los Tanzi y en 2001 al municipio.
- 1087: primera mención
- 1208: reconstrucción
- 1297: orden de destrucción
- 1431: Rolando el Magnífico
- 1443: huida de Bentivoglio
- 1452: remodelación
- 2001: adquisición municipal
El sistema defensivo: tres torres y la torre del homenaje
La peculiaridad del Castillo Pallavicino es su sistema defensivo. Las tres torres macizas están alineadas en el lado sureste, el abierto hacia el pueblo y el río Ceno, con la entrada resguardada en el flanco de la central: así los ataques a distancia y los arietes no encontraban punto de apoyo. La torre del homenaje, en la esquina norte, es la parte más antigua y en su día estaba conectada al resto mediante un puente levadizo, sustituido después por una estructura de mampostería. Alrededor de la torre del homenaje hay un pequeño jardín que la conecta con el patio cuadrado. En las esquinas del patio aún se ven los orificios que sostenían las pasarelas de madera con escaleras retráctiles. Las murallas, de hasta cuatro metros de grosor, siguen los bordes del espolón rocoso; la esquina oeste no tiene torres, está directamente sobre el peñasco escarpado. Por la cima discurren los caminos de ronda, a mayor altura, desde donde se disfruta de una panorámica abierta sobre el valle.
Dentro del castillo: prisión, salón y leyenda
Desde el patio se entra en la historia cotidiana de la fortaleza. En la planta baja están las antiguas prisiones, donde en 1442 fue encerrado Annibale I Bentivoglio. En el primer nivel se encuentra la sala del tribunal, luego la habitación del castellano y la habitación de los sirvientes, antaño utilizada también como granero. El itinerario de visita comprende la sala de armas, las antiguas cocinas, la escalera principal del siglo XVIII, el estudio y el Salón de Honor con frescos. Las visitas son guiadas por guías con trajes medievales y cuentan anécdotas y curiosidades. También hay una leyenda: según una sesión mediúmnica de 2013, una clarividente habría percibido la presencia de una joven con vestido blanco, Beatrice Pallavicino, marquesa fallecida a los 21 años en 1683. Lo crean o no, la atmósfera de la torre del homenaje y de los caminos de ronda hace su parte.
Por qué visitarlo: tres motivos concretos
Primero: es uno de los mejores ejemplos de arquitectura medieval defensiva de la zona, con murallas imponentes, tres torres alineadas y una torre del homenaje que parece sacada de un manual de fortificación. Segundo: las visitas guiadas con vestuario de época ayudan a comprender la vida del castillo; se recorre la prisión de Bentivoglio, las cocinas, la sala de armas, los pasos de ronda y el salón con frescos. En ocasiones especiales también se abren los subterráneos, y hay una escape room de temática templaria. Tercero: el castillo es un espacio para eventos de los más solicitados de la provincia de Parma, con talleres para escuelas, bodas, cenas de gala y team building. Admite mascotas; los perros deben ir con correa o en brazos. El panorama sobre el valle del Ceno, además, merece por sí solo la subida. Un lugar ideal para quien busca historia, no solo una postal.
Cuándo ir: la luz adecuada sobre la arenisca
El castillo se visita sobre todo los fines de semana, con visitas guiadas que salen en distintas franjas del día. ¿El momento más sugerente? Al final de la tarde, cuando la luz rasante enciende la piedra arenisca y las sombras dibujan las tres torres. También una mañana clara funciona bien, sobre todo si queréis caminar por los adarves sin el reflejo más fuerte. Evitaría las horas centrales de los días más calurosos, cuando la roca queda expuesta y el patio puede convertirse en un horno. Si podéis, elegid una época en la que las colinas de alrededor empiecen a teñirse: la atmósfera se vuelve más cálida y el panorama sobre el valle del Ceno es más pintoresco. Cuando hace más frío, el castillo tiene un encanto más severo, pero comprobad siempre la apertura. Las visitas nocturnas, cuando las hay, son una experiencia aparte.
En los alrededores: el pueblo, Roccalanzona y Val Ceno
Varano de’ Melegari merece un paseo por el pueblo, antes o después de la visita: es pequeño pero auténtico, y desde el castillo se comprende bien cómo dominaba la red viaria del valle. En los alrededores se puede añadir el Castillo de Roccalanzona, citado por las fuentes como punto controlado desde la torre del homenaje de Varano; es una forma de leer el sistema defensivo de los Pallavicino a escala territorial. El Val Ceno ofrece además carreteras panorámicas y pueblos donde detenerse a comer. Si buscan algo diferente, en Varano tiene su sede la Dallara Academy, una entidad ligada al mundo del motor que puede despertar la curiosidad incluso en quienes no son aficionados. En la zona no faltan productos típicos del Apenino Parmense: embutidos, setas y quesos. Incluyan estas paradas en una jornada tranquila, sin prisas: el castillo requiere tiempo para saborearlo.