Museo del Sátiro Danzante: la obra maestra griega en Mazara del Vallo

En el centro histórico de Mazara del Vallo, la antigua iglesia de Sant’Egidio (siglo XV) alberga el Museo del Sátiro Danzante, un museo arqueológico que tiene como protagonista la estatua de bronce griega del mismo nombre. Descubierta en dos fases por el pesquero ‘Capitan Ciccio’ en 1997-98, la estatua mide 2 metros de altura y pesa 96 kg, representada en una pose danzante con ojos de caliza alabastrina conservados. Además del sátiro, el museo expone hallazgos subacuáticos como ánforas y un fragmento de pata de elefante púnico-helenístico.
La joya: la estatua del Sátiro Danzante, obra maestra helenística atribuida a la escuela de Praxíteles.
El contenedor: la iglesia desacralizada de Sant’Egidio, de gran interés arquitectónico.
Accesibilidad: entrada accesible para sillas de ruedas e iluminación especial para personas con discapacidad visual.
Entradas: general 7 €, reducida 3,50 €, gratis menores de 18 años.


Eventos en los alrededores


Copertina itinerario Museo del Sátiro Danzante: la obra maestra griega en Mazara del Vallo
El Museo del Sátiro Danzante, ubicado en la antigua iglesia de Sant’Egidio en Mazara del Vallo, alberga la estatua de bronce griega recuperada en el Canal de Sicilia. Horarios, entradas y las otras obras expuestas.

Información útil


Introducción evocadora

Entrar al Museo del Sátiro Danzante es como sumergirse en el pasado. Imagina: estás en una iglesia desacralizada del siglo XVI, en Mazara del Vallo, y de repente te encuentras frente a una estatua griega de bronce de dos metros de altura, capturada en el instante de un salto. El Sátiro Danzante te mira con ojos de caliza alabastrina, aún vívidos después de siglos. Es una emoción difícil de describir, casi esperas que se mueva. El museo es pequeño, recogido, pero lo que guarda es único: una obra maestra rescatada del mar.

Introducción evocadora

Entrar al Museo del Sátiro Danzante es como sumergirse en el pasado. Imagina: estás en una iglesia desacralizada del siglo XVI, en Mazara del Vallo, y de repente te encuentras frente a una estatua griega de bronce de dos metros de altura, capturada en el instante de un salto. El Sátiro Danzante te mira con ojos de caliza alabastrina, aún vívidos después de siglos. Es una emoción difícil de describir, casi esperas que se mueva. El museo es pequeño, recogido, pero lo que guarda es único: una obra maestra rescatada del mar.

Apuntes históricos

La iglesia de San Egidio que alberga el museo fue construida a principios del siglo XVI. Pero la verdadera historia comienza en 1997, cuando el pesquero ‘Capitan Ciccio’ recupera una pierna de bronce del Canal de Sicilia. La noche del 4 de marzo de 1998, del mismo fondo a 500 metros, emerge el resto de la estatua. Tras una restauración en Roma, el Sátiro se expone aquí desde 2005. En 2018, un nuevo sistema de iluminación inteligente realza sus detalles, diseñado también para personas con discapacidad visual.

Apuntes históricos

La iglesia de San Egidio que alberga el museo fue construida a principios del siglo XVI. Pero la verdadera historia comienza en 1997, cuando el pesquero ‘Capitan Ciccio’ recupera una pierna de bronce del Canal de Sicilia. La noche del 4 de marzo de 1998, del mismo fondo a 500 metros, emerge el resto de la estatua. Tras una restauración en Roma, el Sátiro se expone aquí desde 2005. En 2018, un nuevo sistema de iluminación inteligente realza sus detalles, diseñado también para personas con discapacidad visual.

El Sátiro Danzante: una obra maestra de bronce

La estatua se atribuye a la escuela de Praxíteles (siglo IV a.C.) y pesa 96 kg. Representa a un sátiro en éxtasis, con la cabeza inclinada, el cabello alborotado por la danza y el torso en torsión. Originalmente sostenía un tirso en la mano derecha y una piel de pantera con una copa en la izquierda. Los ojos de caliza alabastrina con pasta vítrea están perfectamente conservados. Es un rarísimo ejemplo de estatuaria griega en bronce, y verla de cerca te hace entender por qué se considera un tesoro.

El Sátiro Danzante: una obra maestra de bronce

La estatua se atribuye a la escuela de Praxíteles (siglo IV a.C.) y pesa 96 kg. Representa a un sátiro en éxtasis, con la cabeza inclinada, el cabello alborotado por la danza y el torso en torsión. Originalmente sostenía un tirso en la mano derecha y una piel de pantera con una copa en la izquierda. Los ojos de caliza alabastrina con pasta vítrea están perfectamente conservados. Es un rarísimo ejemplo de estatuaria griega en bronce, y verla de cerca te hace entender por qué se considera un tesoro.

Otros hallazgos del Canal de Sicilia

Además del Sátiro, el museo exhibe hallazgos recuperados en los mismos fondos marinos. No te pierdas: un fragmento de bronce de una pata de elefante de época púnico-helenística, un caldero de bronce medieval y una rica selección de ánforas que van desde la época arcaica hasta la Edad Media. También hay dos cañones de hierro y algunos capiteles corintios y jónicos. Cada pieza cuenta un naufragio, un viaje interrumpido. La variedad es sorprendente: desde lo sagrado hasta lo cotidiano, todo se transportaba por mar.

Otros hallazgos del Canal de Sicilia

Además del Sátiro, el museo exhibe hallazgos recuperados en los mismos fondos marinos. No te pierdas: un fragmento de bronce de una pata de elefante de época púnico-helenística, un caldero de bronce medieval y una rica selección de ánforas que van desde la época arcaica hasta la Edad Media. También hay dos cañones de hierro y algunos capiteles corintios y jónicos. Cada pieza cuenta un naufragio, un viaje interrumpido. La variedad es sorprendente: desde lo sagrado hasta lo cotidiano, todo se transportaba por mar.

Por qué visitarlo

Tres razones concretas. Primero: admirar una estatua griega original en bronce, algo muy raro porque la mayoría de las obras antiguas son de mármol o copias romanas. Segundo: la atmósfera íntima de la antigua iglesia, con una luz estudiada que cambia durante la visita, casi teatral. Tercero: es un chapuzón en la historia de Sicilia y el Mediterráneo, entre pescadores, naufragios y comercios antiguos. Y luego, digámoslo, ver de cerca la expresión extática del Sátiro es algo que perdura.

Por qué visitarlo

Tres razones concretas. Primero: admirar una estatua griega original en bronce, algo muy raro porque la mayoría de las obras antiguas son de mármol o copias romanas. Segundo: la atmósfera íntima de la antigua iglesia, con una luz estudiada que cambia durante la visita, casi teatral. Tercero: es un chapuzón en la historia de Sicilia y el Mediterráneo, entre pescadores, naufragios y comercios antiguos. Y luego, digámoslo, ver de cerca la expresión extática del Sátiro es algo que perdura.

Cuándo ir

El museo está abierto todo el año, pero el mejor momento es al atardecer, cuando la luz del sol se filtra por las ventanas de la iglesia, creando un ambiente aún más evocador. Si visitas entre semana, evitas las multitudes del fin de semana. En verano, Mazara está animada, pero el museo sigue siendo un oasis de frescor. En invierno, con menos turistas, puedes disfrutar del Sátiro casi en soledad.

Cuándo ir

El museo está abierto todo el año, pero el mejor momento es al atardecer, cuando la luz del sol se filtra por las ventanas de la iglesia, creando un ambiente aún más evocador. Si visitas entre semana, evitas las multitudes del fin de semana. En verano, Mazara está animada, pero el museo sigue siendo un oasis de frescor. En invierno, con menos turistas, puedes disfrutar del Sátiro casi en soledad.

En los alrededores

A dos pasos del museo, pierde tiempo entre los callejones del centro histórico. Imperdible: el recorrido de arte callejero de las Saracinesche, con murales que colorean las viejas persianas de las tiendas, y el Patio de la Giudecca, resto del antiguo barrio judío. Si eres un apasionado del arte sacro, el Museo Diocesano está a pocos minutos. Y para una pausa dulce, detente en una de las pastelerías de la calle principal para probar la cassata siciliana.

En los alrededores

A dos pasos del museo, pierde tiempo entre los callejones del centro histórico. Imperdible: el recorrido de arte callejero de las Saracinesche, con murales que colorean las viejas persianas de las tiendas, y el Patio de la Giudecca, resto del antiguo barrio judío. Si eres un apasionado del arte sacro, el Museo Diocesano está a pocos minutos. Y para una pausa dulce, detente en una de las pastelerías de la calle principal para probar la cassata siciliana.

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💡 Quizás no sabías que…

La estatua fue descubierta gracias al pesquero ‘Capitan Ciccio’ comandado por Francesco Adragna, que recuperó primero una pierna en julio de 1997 y luego el cuerpo en la noche del 4 al 5 de marzo de 1998, a 500 metros de profundidad. Un brazo se perdió durante la recuperación. Se hipotetiza que la estatua naufragaba mientras era transportada entre Sicilia y Cabo Bon, formando parte de un cargamento de obras de arte.