Introducción
Si pasan por Nola, no se pierdan el Anfiteatro Laterizio. Es uno de los más antiguos de Campania, que data del siglo I a.C., y visitarlo es un viaje al pasado. De la enorme estructura elíptica (138×108 m) hoy se ve aproximadamente un cuarto, pero basta para imaginar los 20.000 espectadores que aquí asistían a juegos y cacerías. El acceso es gratuito, solo con reserva: una ocasión rara. Al entrar, se recorren los antiguos corredores y aún se notan restos de enlucidos pintados. Un lugar que habla por sí mismo, entre historia y leyendas.
Introducción
Si pasan por Nola, no se pierdan el Anfiteatro Laterizio. Es uno de los más antiguos de Campania, que data del siglo I a.C., y visitarlo es un viaje al pasado. De la enorme estructura elíptica (138×108 m) hoy se ve aproximadamente un cuarto, pero basta para imaginar los 20.000 espectadores que aquí asistían a juegos y cacerías. El acceso es gratuito, solo con reserva: una ocasión rara. Al entrar, se recorren los antiguos corredores y aún se notan restos de enlucidos pintados. Un lugar que habla por sí mismo, entre historia y leyendas.
Apuntes históricos
Construido después del 80 a.C., cuando Nola se convirtió en colonia romana bajo Sila, el anfiteatro se adosó a las murallas tardo republicanas. Sufrió restauraciones en el siglo I y entre los siglos II-III d.C. Abandonado ya antes de la erupción de Pollena (siglos V-VI), fue despojado de gradas y mármoles. Desde el siglo XVI se le llama ‘Laterizio’. Excavaciones entre 1985 y 1997 sacaron a la luz tres corredores y parte del circuito exterior. Hoy nuevas campañas buscan recuperar toda el área.
- Siglo I a.C.: construcción
- 95 d.C.: milagro de San Félix
- Siglo I d.C.: primera restauración
- Siglos II-III d.C.: segunda restauración
- Siglos V-VI: abandono
- 1985-1997: excavaciones arqueológicas
- 2020: nuevas intervenciones de recuperación
Apuntes históricos
Construido después del 80 a.C., cuando Nola se convirtió en colonia romana bajo Sila, el anfiteatro se adosó a las murallas tardo republicanas. Sufrió restauraciones en el siglo I y entre los siglos II-III d.C. Abandonado ya antes de la erupción de Pollena (siglos V-VI), fue despojado de gradas y mármoles. Desde el siglo XVI se le llama ‘Laterizio’. Excavaciones entre 1985 y 1997 sacaron a la luz tres corredores y parte del circuito exterior. Hoy nuevas campañas buscan recuperar toda el área.
- Siglo I a.C.: construcción
- 95 d.C.: milagro de San Félix
- Siglo I d.C.: primera restauración
- Siglos II-III d.C.: segunda restauración
- Siglos V-VI: abandono
- 1985-1997: excavaciones arqueológicas
- 2020: nuevas intervenciones de recuperación
Arquitectura y detalles
El anfiteatro es de toba, con gradas y parapeto revestidos de mármol blanco. El nombre ‘Laterizio’ deriva de los pilares de ladrillo usados para los accesos, como observó el humanista Ambrogio Leone en 1514. Caminando por los pasillos, se notan los diferentes estilos de mampostería: las primeras fases con bloques de toba, luego las adiciones en opus reticulatum y vittatum. En el muro exterior son visibles restos de decoraciones en primer estilo pompeyano, con ortostatos ocre y bandas turquesas. En 1997 se encontraron seis pilares de caliza con relieves de armas y una escena de amazonomaquia, hoy en el Museo Arqueológico de Nola. El parapeto de la arena tiene 2,60 m de altura, un detalle que da idea de la potencia del edificio.
Arquitectura y detalles
El anfiteatro es de toba, con gradas y parapeto revestidos de mármol blanco. El nombre ‘Laterizio’ deriva de los pilares de ladrillo usados para los accesos, como observó el humanista Ambrogio Leone en 1514. Caminando por los pasillos, se notan los diferentes estilos de mampostería: las primeras fases con bloques de toba, luego las adiciones en opus reticulatum y vittatum. En el muro exterior son visibles restos de decoraciones en primer estilo pompeyano, con ortostatos ocre y bandas turquesas. En 1997 se encontraron seis pilares de caliza con relieves de armas y una escena de amazonomaquia, hoy en el Museo Arqueológico de Nola. El parapeto de la arena tiene 2,60 m de altura, un detalle que da idea de la potencia del edificio.
La leyenda de San Félix
En el año 95 d.C., el obispo Félix de Nola fue condenado a la damnatio ad bestias precisamente en este anfiteatro. Según la tradición, las fieras se negaron a devorarlo y él salió ileso. Hoy, al recorrer los pasillos, es fácil imaginar la escena: la arena abarrotada, las bestias avanzando… y luego nada. Un episodio que añade fascinación a un lugar ya cargado de historia. En las cercanías, justo en el exterior, se descubrió una losa con una inscripción que recuerda al santo. Una mezcla de arqueología y fe que hace la visita aún más intensa.
La leyenda de San Félix
En el año 95 d.C., el obispo Félix de Nola fue condenado a la damnatio ad bestias precisamente en este anfiteatro. Según la tradición, las fieras se negaron a devorarlo y él salió ileso. Hoy, al recorrer los pasillos, es fácil imaginar la escena: la arena abarrotada, las bestias avanzando… y luego nada. Un episodio que añade fascinación a un lugar ya cargado de historia. En las cercanías, justo en el exterior, se descubrió una losa con una inscripción que recuerda al santo. Una mezcla de arqueología y fe que hace la visita aún más intensa.
Por qué visitarlo
Tres buenas razones. Primera: es gratuito. Sí, la entrada es libre, pero solo con reserva, así que organícense. Segunda: es un pedazo de auténtica historia romana, poco conocido y fuera de los circuitos turísticos. Mientras todos corren a Pompeya, aquí tendrán casi todo para ustedes. Tercera: la visita es breve pero intensa – en una hora se ve todo, y se sale con ganas de saber más. Además, el sitio es accesible para discapacitados, así que nadie queda excluido. Una oportunidad para descubrir Nola desde otro ángulo.
Por qué visitarlo
Tres buenas razones. Primera: es gratuito. Sí, la entrada es libre, pero solo con reserva, así que organícense. Segunda: es un pedazo de auténtica historia romana, poco conocido y fuera de los circuitos turísticos. Mientras todos corren a Pompeya, aquí tendrán casi todo para ustedes. Tercera: la visita es breve pero intensa – en una hora se ve todo, y se sale con ganas de saber más. Además, el sitio es accesible para discapacitados, así que nadie queda excluido. Una oportunidad para descubrir Nola desde otro ángulo.
Cuándo ir
¿El mejor momento? Por la mañana temprano, cuando la luz baja acaricia los ladrillos y revoques antiguos, o en otoño, con el clima templado y menos humedad. Eviten el pleno sol estival, porque hay poca sombra y se asarán como en un horno romano. La primavera es perfecta: todo florece y el aire es fresco. En cualquier caso, verifique la disponibilidad mediante reserva, ya que el sitio no siempre está abierto. Si consiguen una apertura extraordinaria, como las de las Jornadas FAI, aún mejor.
Cuándo ir
¿El mejor momento? Por la mañana temprano, cuando la luz baja acaricia los ladrillos y revoques antiguos, o en otoño, con el clima templado y menos humedad. Eviten el pleno sol estival, porque hay poca sombra y se asarán como en un horno romano. La primavera es perfecta: todo florece y el aire es fresco. En cualquier caso, verifique la disponibilidad mediante reserva, ya que el sitio no siempre está abierto. Si consiguen una apertura extraordinaria, como las de las Jornadas FAI, aún mejor.
En los alrededores
A dos pasos, el centro histórico de Nola les espera con la Catedral y las plazas. Si aman los restos arqueológicos, visiten el Museo Histórico Arqueológico de Nola, donde se conservan los pilares esculpidos del anfiteatro y otros restos romanos. Para una pausa deliciosa, prueben la avellana de Nola o el vino local. A las afueras de la ciudad, merece una visita la Antigua Muralla, el tramo de muralla republicana que bordeaba el anfiteatro. Todo está conectado a pie, en un recorrido que une arqueología y vida cotidiana.
En los alrededores
A dos pasos, el centro histórico de Nola les espera con la Catedral y las plazas. Si aman los restos arqueológicos, visiten el Museo Histórico Arqueológico de Nola, donde se conservan los pilares esculpidos del anfiteatro y otros restos romanos. Para una pausa deliciosa, prueben la avellana de Nola o el vino local. A las afueras de la ciudad, merece una visita la Antigua Muralla, el tramo de muralla republicana que bordeaba el anfiteatro. Todo está conectado a pie, en un recorrido que une arqueología y vida cotidiana.