La Basílica de Sant’Apollinare in Classe, consagrada en el año 549 d.C., conserva mosaicos bizantinos entre los mejor preservados del mundo en una arquitectura paleocristiana inmersa en el campo de la Romaña. El ábside muestra a Sant’Apollinare en oración entre doce ovejas blancas sobre un prado verde, con una cruz enjoyada sobre fondo azul estrellado que representa la Transfiguración. Las columnas de mármol proconnesio procedentes de Turquía crean juegos de luz únicos en el interior de tres naves.
• Mosaicos bizantinos del ábside perfectamente conservados con Sant’Apollinare y símbolos de los apóstoles
• Arquitectura paleocristiana del siglo VI con columnas de mármol originales procedentes de Turquía
• Ambiente recogido y auténtico, alejado de las multitudes de los monumentos más famosos
• Sitio declarado Patrimonio de la UNESCO desde 1996 que completa la visita a los monumentos paleocristianos de Rávena
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Basílica paleocristiana del año 549 d.C. con mosaicos bizantinos perfectamente conservados, columnas de mármol turco y ábside decorado con Sant’Apollinare entre ovejas simbólicas. Patrimonio de la UNESCO en Rávena.
Información útil
Introducción
Apuntes históricos
- Inicios del siglo VI: construcción por voluntad del obispo Ursicino
- 549: consagración
- Edad Media: transformaciones y añadidos arquitectónicos
- Hoy: sitio Patrimonio de la Humanidad UNESCO desde 1996
No es solo una fecha en una guía, es una estratificación viva.
Los mosaicos del ábside: un relato en oro
La arquitectura: sencillez que emociona
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Observa atentamente el mosaico del ábside: entre las ovejas que representan a los fieles, busca la que tiene tres manchas negras en el lomo. Según una leyenda local, simboliza la Trinidad y es un detalle que pocos notan. Además, en la nave derecha, busca la lápida sepulcral de un tal Juan, un médico del siglo IX: la inscripción en latín cuenta que “aquí yace Juan, que curó a muchos pero no a sí mismo”. Un toque de humanidad que hace el lugar aún más vivo. Por último, si visitas la basílica temprano por la mañana, la luz que se filtra por las ventanas altas ilumina los mosaicos de forma diferente cada día, creando juegos de color únicos.






