Castillo de Gabiano: entre viñedos y laberinto, residencia histórica en el Monferrato

Inmerso entre los viñedos del Monferrato, el Castillo de Gabiano es una de las más antiguas residencias históricas del Piamonte. Aquí podrá pasear entre las bodegas del siglo XII, degustar vinos DOC y recorrer el raro laberinto de boj. Una visita que combina historia, enogastronomía y relax, con posibilidad de alojarse en suites llenas de encanto medieval.
Historia milenaria: desde el siglo VIII hasta nuestros días, el castillo ha atravesado siglos de acontecimientos, con restauraciones neomedievales entre 1908 y 1935.
Laberinto de boj: uno de los pocos ejemplos supervivientes en el Piamonte, realizado en los años treinta del siglo XX.
Vinos DOC y degustaciones: producción de Gabiano, Barbera, Grignolino, con posibilidad de degustar y comprar en el emporio.
Hospitalidad y restauración: suites temáticas, piscina y SPA, restaurante ‘3 Orologi’ con platos tradicionales de kilómetro cero.


Eventos en los alrededores


Copertina itinerario Castillo de Gabiano: entre viñedos y laberinto, residencia histórica en el Monferrato
Un castillo milenario en el Monferrato, con un laberinto de boj, bodegas del siglo XII y vinos DOC. Estancia en suite, restaurante, visitas al parque y degustaciones.

Información útil


Introducción

Encaramado en una colina que domina el valle del Po, el Castillo de Gabiano es una joya del Monferrato, uno de los más antiguos y extensos de la región. La finca se extiende sobre 260 hectáreas de viñedos en anfiteatro, con vistas a los Alpes y el río que fluye allá abajo. Lo que lo hace único es su laberinto de boj, uno de los pocos supervivientes en Piamonte, realizado en los años treinta. Entre viñedos, un pueblo medieval reconstruido y una atmósfera fuera del tiempo, este castillo no es solo un monumento: es una experiencia de 360 grados.

Introducción

Encaramado en una colina que domina el valle del Po, el Castillo de Gabiano es una joya del Monferrato, uno de los más antiguos y extensos de la región. La finca se extiende sobre 260 hectáreas de viñedos en anfiteatro, con vistas a los Alpes y el río que fluye allá abajo. Lo que lo hace único es su laberinto de boj, uno de los pocos supervivientes en Piamonte, realizado en los años treinta. Entre viñedos, un pueblo medieval reconstruido y una atmósfera fuera del tiempo, este castillo no es solo un monumento: es una experiencia de 360 grados.

Apuntes históricos

Los primeros vestigios se remontan al siglo VIII, pero fue en 1164 cuando Federico Barbarroja lo donó a Guillermo II de Monferrato. Tras siglos de disputas, en 1622 pasa a los Durazzo, familia genovesa, que lo transforma en residencia señorial. Una restauración decimonónica borró su aspecto torreado, pero entre 1908 y 1935 el arquitecto Lamberto Cusani, inspirado por Alfredo d’Andrade, devolvió al castillo su rostro medieval. Hoy es propiedad del marqués Giacomo Cattaneo Adorno, quien continúa restaurándolo y produciendo vino.

Apuntes históricos

Los primeros vestigios se remontan al siglo VIII, pero fue en 1164 cuando Federico Barbarroja lo donó a Guillermo II de Monferrato. Tras siglos de disputas, en 1622 pasa a los Durazzo, familia genovesa, que lo transforma en residencia señorial. Una restauración decimonónica borró su aspecto torreado, pero entre 1908 y 1935 el arquitecto Lamberto Cusani, inspirado por Alfredo d’Andrade, devolvió al castillo su rostro medieval. Hoy es propiedad del marqués Giacomo Cattaneo Adorno, quien continúa restaurándolo y produciendo vino.

El laberinto de boj y el parque

En el corazón del parque romántico se esconde un laberinto de boj, diseñado por Lamberto Cusani en los años treinta. Es uno de los rarísimos laberintos históricos del Piamonte, con setos frondosos que crean un recorrido sorprendente. Alrededor, jardines italianos y senderos que se pierden entre los árboles. El parque se abre a una vista espectacular: el Po, los viñedos y, en días despejados, los Alpes. Un lugar perfecto para perderse, literalmente.

El laberinto de boj y el parque

En el corazón del parque romántico se esconde un laberinto de boj, diseñado por Lamberto Cusani en los años treinta. Es uno de los rarísimos laberintos históricos del Piamonte, con setos frondosos que crean un recorrido sorprendente. Alrededor, jardines italianos y senderos que se pierden entre los árboles. El parque se abre a una vista espectacular: el Po, los viñedos y, en días despejados, los Alpes. Un lugar perfecto para perderse, literalmente.

Bodegas y vinos DOC

Bajo el castillo se extienden las bodegas del siglo XII, donde reposan toneles y barricas. Aquí se producen etiquetas DOC como el Gabiano (medalla de oro en París 1937), el Rubino, el Barbera y el Grignolino. La bodega, con 20 hectáreas de viñedo, apuesta por bajos rendimientos y calidad. La Sala de Degustación con vistas a los viñedos ofrece catas, mientras que la Tienda de Vinos bajo los soportales del pueblo vende vinos y productos locales. Una parada obligada para los amantes del vino.

Bodegas y vinos DOC

Bajo el castillo se extienden las bodegas del siglo XII, donde reposan toneles y barricas. Aquí se producen etiquetas DOC como el Gabiano (medalla de oro en París 1937), el Rubino, el Barbera y el Grignolino. La bodega, con 20 hectáreas de viñedo, apuesta por bajos rendimientos y calidad. La Sala de Degustación con vistas a los viñedos ofrece catas, mientras que la Tienda de Vinos bajo los soportales del pueblo vende vinos y productos locales. Una parada obligada para los amantes del vino.

Por qué visitarlo

1. Alojarse en una suite histórica: 12 habitaciones con nombres evocadores (La Torre, El Trufa…) en un resort que combina lujo e historia. 2. Comer en el restaurante “3 Orologi”: platos tradicionales con ingredientes de kilómetro cero, desde la trufa hasta la miel de la finca. 3. Eventos y relax: piscina de verano, SPA, clases de cocina y visitas guiadas. El castillo también es sede de bodas y sets cinematográficos.

Por qué visitarlo

1. Alojarse en una suite histórica: 12 habitaciones con nombres evocadores (La Torre, El Trufa…) en un resort que combina lujo e historia. 2. Comer en el restaurante “3 Orologi”: platos tradicionales con ingredientes de kilómetro cero, desde la trufa hasta la miel de la finca. 3. Eventos y relax: piscina de verano, SPA, clases de cocina y visitas guiadas. El castillo también es sede de bodas y sets cinematográficos.

Cuándo ir

La mejor época es el otoño, cuando las viñas se tiñen de rojo y comienza la vendimia. El aroma de los mostos se mezcla con el de la trufa blanca, que aquí es autóctona. La luz baja de la tarde ilumina las fachadas de ladrillo del castillo. En primavera, el parque está florido y el laberinto, frondoso. Evita el verano si no te gusta el calor. En cualquier estación, las primeras horas de la mañana regalan una luz mágica sobre el Po.

Cuándo ir

La mejor época es el otoño, cuando las viñas se tiñen de rojo y comienza la vendimia. El aroma de los mostos se mezcla con el de la trufa blanca, que aquí es autóctona. La luz baja de la tarde ilumina las fachadas de ladrillo del castillo. En primavera, el parque está florido y el laberinto, frondoso. Evita el verano si no te gusta el calor. En cualquier estación, las primeras horas de la mañana regalan una luz mágica sobre el Po.

En los alrededores

A pocos kilómetros, Moncalvo y Murisengo son pueblos de la trufa, con ferias y restaurantes. Imperdible el Sacro Monte de Crea, patrimonio de la UNESCO, con sus capillas pintadas al fresco. Para una excursión más larga, Casale Monferrato ofrece un centro barroco y el Museo de la Magia. Toda la zona es una sucesión de colinas y pueblos, perfecta para un recorrido enogastronómico.

En los alrededores

A pocos kilómetros, Moncalvo y Murisengo son pueblos de la trufa, con ferias y restaurantes. Imperdible el Sacro Monte de Crea, patrimonio de la UNESCO, con sus capillas pintadas al fresco. Para una excursión más larga, Casale Monferrato ofrece un centro barroco y el Museo de la Magia. Toda la zona es una sucesión de colinas y pueblos, perfecta para un recorrido enogastronómico.

Itinerarios en los alrededores


💡 Quizás no sabías que…

En la capilla del castillo, los marqueses Giacomo y Matilde Durazzo aparecen representados con vestimentas medievales, como testimonio de su pasión por la Edad Media que llevó a la restauración. La tradición oral cuenta que el primer marqués, Agostino Durazzo, escondía valiosas botellas en las bodegas más profundas, aún hoy objeto de curiosidad para los aficionados.