El Jardín Zoológico de Pistoia, fundado en 1970, se extiende sobre 7 hectáreas inmersas en el verdor. Alberga más de 500 animales entre leones, tigres, jirafas, pingüinos y lémures, y participa en programas internacionales de conservación. Esto es lo que no te puedes perder:
– Encuentros cercanos con pingüinos, lémures y tortugas gigantes (con reserva).
– Actividades educativas y talleres para niños en el Laboratorio de la Biodiversidad.
– Visitas nocturnas en verano para observar animales crepusculares.
– Servicios familiares: estacionamiento gratuito, áreas de picnic, parques infantiles y restaurante.
Introducción
Sumergido en el verde de las colinas de Pistoia, el Jardín Zoológico de Pistoia es un oasis donde la naturaleza y los animales se encuentran. Con más de 500 animales de 100 especies diferentes, entre leones, pingüinos, tigres y lémures, cada paso es un descubrimiento. Fundado en 1970 por Raffaello Galardini, este zoológico moderno apuesta todo por la educación y la conservación. Paseando por las 7 hectáreas del parque, te parecerá dar la vuelta al mundo: desde los pingüinos africanos de Betty’s Bay hasta los osos pardos marsicanos, pasando por los coloridos flamencos. Un lugar perfecto para familias, pero también para quienes buscan un contacto auténtico con la biodiversidad. El ambiente es relajado, los senderos bien cuidados, y siempre hay un guardián listo para contarte curiosidades sobre los animales.
Reseña histórica
El Jardín Zoológico de Pistoia abrió sus puertas el 19 de abril de 1970, gracias a la visión de Raffaello Galardini. Desde entonces ha evolucionado: en 2001 llegaron nuevos recintos para lobos y linces, en 2009 el área de pingüinos africanos, ampliada en 2018 con Betty’s Bay. En 2014, tras una denuncia, el zoo inició mejoras: se fueron jaguares e hipopótamos, llegaron un hipopótamo pigmeo y dos pandas rojos (2015). 2017 vio un recinto más amplio para elefantes asiáticos, y 2018 el área de nutrias. Hoy es miembro de UIZA y EAZA y participa en programas internacionales de reproducción de especies amenazadas.
Las actividades imperdibles
No solo observar: aquí puedes vivir a los animales de cerca. Los encuentros cercanos con pingüinos, lémures y tortugas gigantes son una experiencia que hay que reservar (y recomiendo hacerlo, porque se agotan). Para los niños, el ‘Pasaporte del Viajero’ transforma la visita en una búsqueda de sellos, mientras que el Dino Lab con realidad virtual los hace rugir como dinosaurios. Los domingos hay conversaciones con los cuidadores: yo descubrí cosas increíbles sobre los pingüinos, como que comen pescado fresco cada día y nadan como torpedos. Y si tienes valor, las visitas nocturnas de verano revelan un zoológico completamente diferente, con los animales nocturnos despertándose y los más activos.
Un compromiso por la conservación
El zoo no es solo exposición, sino un centro activo para salvar la biodiversidad. Participa en los programas EAZA para especies en riesgo, como el panda rojo y la nutria asiática, y financia proyectos de conservación en Madagascar y otros lugares. El Laboratorio de la Biodiversidad organiza talleres para escuelas sobre microplásticos y huellas de animales, mientras los investigadores estudian el comportamiento de los ejemplares. Cada mes hay un tema (bosques, océanos) con actividades interactivas. Me impactó saber que parte de la entrada apoya la protección del bosque de los lémures: en fin, visitar realmente ayuda.
Por qué visitarlo
Tres motivos prácticos: 1) Una oferta educativa única – los talleres y los encuentros cercanos no se encuentran en muchos zoológicos, y son adecuados para todas las edades. 2) El ambiente relajado – las amplias zonas verdes, los pícnic y el parque infantil hacen que el lugar se sienta como un parque público, no como una jaula. 3) Precios justos – 18€ está dentro del promedio, pero con la Family Card los niños hasta 13 años entran gratis (máx. 2 por adulto pagante). Y el aparcamiento es gratuito, algo raro. Además, puedes pasar el día entero sin prisas, entre una pausa en el bar y una visita al reptilario.
Cuándo ir
Si me preguntas, el mejor momento es la primera hora de la mañana en primavera u otoño. Los animales están más activos, el parque está menos concurrido y la luz suave lo hace todo más bonito. Las visitas nocturnas en verano son otro encanto: los ruidos cambian, los ojos de los pingüinos brillan en la oscuridad. En invierno, en cambio, algunos animales (como los osos) están más somnolientos, pero está el encanto de la niebla sobre las colinas. En fin, cada estación tiene su razón de ser, pero evita los fines de semana de agosto si no te gustan las multitudes.
En los alrededores
Después de los animales, date un baño de historia: el centro de Pistoia está a pocos minutos. La Piazza del Duomo con la catedral de San Zeno, el Ospedale del Ceppo y sus frescos, y el sugerente Battistero. Si te apetece más naturaleza, el Jardín de Scornio (Villa de Scornio) es una residencia medicea con un parque centenario – ideal para un paseo relajante. Dos destinos cercanos que completan el día sin estrés.