Plaza Navona: Fuentes barrocas de Bernini e historia del Estadio de Domiciano

Plaza Navona es un museo al aire libre con tres monumentales fuentes barrocas y se erige sobre el antiguo Estadio de Domiciano. La plaza siempre está animada con artistas callejeros y cafés históricos como el Tre Scalini, famoso por su tartufo.

  • Fuente de los Cuatro Ríos de Bernini con obelisco egipcio y estatuas simbólicas
  • Iglesia de Santa Inés en Agonía de Borromini, rival de Bernini
  • Restos del Estadio de Domiciano visitables bajo la plaza
  • Ambiente acogedor con artistas callejeros y cafés históricos


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Copertina itinerario Plaza Navona: Fuentes barrocas de Bernini e historia del Estadio de Domiciano
Plaza Navona en Roma con sus tres fuentes barrocas, incluida la Fuente de los Cuatro Ríos de Bernini, y la iglesia de Santa Inés en Agonía de Borromini. Descubre los restos del Estadio de Domiciano bajo la plaza.

Información útil


Introducción

Piazza Navona es uno de esos lugares que te hace sentir inmediatamente en Roma. No es solo una plaza, es un escenario barroco que te envuelve con su atmósfera vibrante. El óvalo perfecto, heredero del antiguo Estadio de Domiciano sobre el que se asienta, crea un espacio único donde la historia y la vida cotidiana se mezclan. Aquí verás artistas callejeros, turistas encantados y romanos que pasean como si fuera su salón al aire libre. Las tres fuentes monumentales – la Fuente de los Cuatro Ríos, la Fuente del Moro y la Fuente de Neptuno – dominan la escena con su majestuosidad, mientras la iglesia de Santa Inés en Agone se recorta elegante en el fondo. Es el corazón palpitante de la Roma barroca, un lugar que no se limita a mostrarte la belleza, sino que te la hace vivir.

Apuntes históricos

La historia de la Plaza Navona comienza en el siglo I d.C. con el Estadio de Domiciano, construido para competiciones atléticas griegas. Durante siglos la zona mantuvo esta función, hasta que en el Renacimiento se convirtió en un importante mercado. La transformación en joya barroca tuvo lugar en el siglo XVII por voluntad del Papa Inocencio X Pamphili, quien encargó a Gian Lorenzo Bernini la realización de la Fuente de los Cuatro Ríos (1651), obra maestra absoluta que representa los principales ríos de los continentes entonces conocidos. La plaza se convirtió así en símbolo del poder papal y de la Roma barroca, manteniendo también la tradición de inundación estival para juegos de agua hasta el siglo XIX.

  • Siglo I d.C.: Construcción del Estadio de Domiciano
  • Siglo XV: La plaza se convierte en importante mercado ciudadano
  • 1651: Finalización de la Fuente de los Cuatro Ríos de Bernini
  • Siglo XVII: Realización de las otras dos fuentes y de la iglesia de Santa Inés
  • Siglo XIX: Fin de la tradición de inundación estival de la plaza

Las tres fuentes: un tríptico barroco

Las tres fuentes de la Plaza Navona no son simples ornamentos, sino que cuentan historias diferentes. En el centro se alza la Fuente de los Cuatro Ríos de Bernini, con su obelisco egipcio y las imponentes estatuas que representan el Danubio, el Ganges, el Nilo y el Río de la Plata. Cada figura tiene detalles simbólicos: el Nilo se cubre el rostro porque en aquella época sus fuentes eran desconocidas. Al sur encuentras la Fuente del Moro, originalmente diseñada por Giacomo della Porta y luego enriquecida por Bernini con la estatua del Moro que lucha con un delfín. Al norte está la más sobria Fuente de Neptuno, completada solo en el siglo XIX, que muestra al dios del mar luchando con un pulpo. Obsérvalas de cerca: los detalles escultóricos narran siglos de arte y poder.

Santa Inés en Agonía y los palacios nobiliarios

Mientras que las fuentes capturan inmediatamente la atención, no descuides los edificios que rodean la plaza. La iglesia de Santa Inés en Agonía se alza precisamente en el lugar donde, según la tradición, la santa fue expuesta desnuda al público y milagrosamente cubierta por su cabello. Diseñada por Borromini (rival de Bernini), su fachada cóncava y su cúpula son obras maestras de la arquitectura barroca. En el interior, las capillas laterales y la cripta merecen una visita. Alrededor de la plaza se asoman palacios nobiliarios como el Palacio Pamphilj (hoy sede de la embajada de Brasil) y el Palacio Braschi, que alberga el Museo de Roma. Estos edificios testimonian cómo la plaza era el salón de las familias poderosas romanas.

Por qué visitarla

Visitar la Plaza Navona te ofrece tres cosas únicas. Primero, es una lección de historia y arte al aire libre: de un solo vistazo ves el legado romano, el barroco de Bernini y Borromini, y la vida romana contemporánea. Segundo, es perfecta para una pausa revitalizante: puedes sentarte en las mesas de los cafés históricos, probar un excelente helado artesanal (prueba el de crema de castañas o el de trufa) y observar el ir y venir. Tercero, ofrece rincones escondidos como el pequeño pasaje que lleva a los restos del Estadio de Domiciano bajo la plaza, accesibles con una entrada separada. Es un lugar que funciona tanto de día, con la luz que realza las esculturas, como de noche, cuando la iluminación crea atmósferas mágicas.

Cuándo ir

El momento más sugerente para visitar la Plaza Navona es la noche después del atardecer, cuando las luces iluminan las fuentes y la multitud diurna se dispersa, ofreciendo una atmósfera más íntima. La iluminación acentúa los juegos de agua y las sombras sobre las esculturas, creando efectos espectaculares. También las mañanas temprano entre semana son ideales, cuando la plaza está casi desierta y puedes admirar su arquitectura sin distracciones. Durante el periodo navideño, la plaza se transforma con los puestos de la Befana y las luces navideñas, pero prepárate para la multitud. En verano, busca la sombra bajo los pórticos o aprovecha las noches frescas para un paseo romántico.

En los alrededores

Desde la Plaza Navona puedes llegar fácilmente a dos lugares icónicos. A pocos minutos a pie se encuentra el Panteón, el templo romano mejor conservado del mundo con su cúpula y su espectacular óculo. En la misma dirección encuentras Campo de’ Fiori, con su animado mercado matutino (ideal para probar productos locales) y ambiente de bistró por la noche. Para una experiencia temática, visita el Museo de Roma en el Palacio Braschi justo en la plaza, que cuenta la historia de la ciudad a través de pinturas, fotografías y objetos cotidianos. O bien, para un contraste, explora las callejuelas del cercano barrio de Parione, lleno de talleres artesanales y tabernas auténticas.

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💡 Quizás no sabías que…

¿Sabías que la rivalidad entre Bernini y Borromini es legendaria? Se dice que la estatua del Río de la Plata en la Fuente de los Cuatro Ríos alza el brazo como para protegerse del derrumbe de la fachada de Santa Inés, obra de su rival. En realidad, es un gesto de asombro. Otro detalle: bajo la plaza aún se pueden visitar los restos del Estadio de Domiciano, un salto atrás de 2000 años. Y no te pierdas el “Nasone” (la fuente) de piedra gris en la esquina con Via di Sant’Agnese: es uno de los más antiguos de Roma, perfecto para llenar la botella con el agua fresquísima de los acueductos papales.