Plaza de San Lorenzo: la basílica de los Medici y el mercado

La Plaza de San Lorenzo es el punto perfecto para comenzar un tour por Florencia: frente a la basílica de Brunelleschi, entre los puestos del mercado, sientes de inmediato el peso de la historia medicea. Las Capillas Mediceas, la Sacristía Nueva de Miguel Ángel y los púlpitos de Donatello están a pocos pasos, y el Mercado Central te espera para una pausa deliciosa. Estas son las cuatro razones para no perdérsela.
– Basílica de San Lorenzo: la primera catedral de Florencia, con interiores de Brunelleschi y obras maestras de Donatello.
– Capillas Mediceas: la Capilla de los Príncipes y la Sacristía Nueva de Miguel Ángel, tumba de la familia Medici.
– Mercado de San Lorenzo: puestos de recuerdos y, en el Mercado Central, comida callejera toscana como el lampredotto.
– Monumento a Giovanni de las Bandas Negras: la estatua de Baccio Bandinelli que recuerda el mecenazgo de los Medici.


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Copertina itinerario Plaza de San Lorenzo: la basílica de los Medici y el mercado
En el corazón de Florencia, la Plaza de San Lorenzo une la basílica de Brunelleschi, las Capillas Mediceas y el animado mercado: arte, historia y sabores a dos pasos del Duomo.

Información útil


Introducción evocadora

Piazza San Lorenzo es un golpe de vista que encierra Florencia en un solo espacio: la mole inconclusa de la basílica de Brunelleschi, la cúpula de las Capillas Mediceas al fondo y el bullicio del mercado que se encarama hasta los escalones de la iglesia. A dos pasos del Duomo, esta plaza peatonal es un compendio de arte, historia y vida cotidiana. La fachada de ladrillo visto, nunca revestida de mármol, puede parecer desnuda, pero es precisamente ese contraste lo que la hace fascinante. Hueles los puestos de recuerdos y, si giras la mirada, el monumento a Giovanni delle Bande Nere te recuerda que aquí gobernó una familia. No es una plaza de postal: es el corazón palpitante de un barrio donde lo sagrado y lo profano conviven. Por un lado la iglesia, por el otro el ir y venir de florentinos y turistas. Una parada obligatoria para entender la Florencia de los Médici.

Apuntes históricos

La historia comienza mucho antes de los Médici. Aquí se levantaba la primera iglesia de Florencia de la que se tiene noticia, consagrada en el 393 d.C. por san Ambrosio. En 1418 los Médici encargaron a Brunelleschi la reconstrucción de la basílica, que se convirtió en su templo familiar. La plaza, antiguamente más extensa, ha visto pasar puestos y tiendas. El monumento a Giovanni delle Bande Nere, encargado en el siglo XVI, se completó en 1850 con la estatua de Baccio Bandinelli. Desde 2013 el Ayuntamiento comenzó a liberar la plaza de los puestos para devolver el respiro a la arquitectura. Con el tiempo se han superpuesto palacios, tiendas e historias, pero el vínculo con los Médici ha permanecido indeleble.

  • 393 – Consagración de la basílica
  • 1418 – Inicio de la reconstrucción de Brunelleschi
  • 1520-1534 – Sacristía Nueva de Miguel Ángel
  • 1571 – Apertura de la Biblioteca Medicea Laurenciana
  • 1850 – Colocación de la estatua de Giovanni delle Bande Nere
  • 2013 – Inicio de la retirada de los puestos

La basílica de San Lorenzo: la obra maestra de Brunelleschi

Entrar en San Lorenzo significa caminar por el proyecto de Brunelleschi: tres naves con columnas corintias, arcos de piedra serena y enlucido blanco. La luz entra por el cleristorio y lo hace todo más alto, más racional. Es un espacio que te hace comprender el Renacimiento. No te pierdas los púlpitos de Donatello, su última obra maestra, y la Sacristía Vieja (1420-1428), donde el propio Donatello dejó medallones de estuco y la tumba de Piero y Giovanni de’ Medici. El altar central esconde la cripta con la tumba de Cosme de’ Medici, el patriarca. Un poco más allá, el Claustro del Cañón (1457-1460) alberga la tumba de Donatello, justo frente a su mecenas: un detalle que te pone la piel de gallina. La fachada, nunca terminada, es un recordatorio: ni los grandes duques siempre lograron coronar sus sueños.

El mercado de San Lorenzo: recuerdos y sabores

La plaza también es famosa por el mercado. Los puestos de recuerdos se extienden hasta debajo de la basílica, un contraste que a algunos molesta, pero que refleja una ciudad viva. Desde 2013, el espacio se ha limpiado en parte, pero el mercado sigue en el corazón del barrio. A dos pasos está el Mercato Centrale, un edificio del siglo XIX (1874) inspirado en Les Halles de París. En la planta baja se encuentran puestos de fruta, verdura, carne y quesos; en la planta superior, tiendas gastronómicas, una escuela de cocina y conciertos de jazz hasta la medianoche. Si quieres probar la auténtica comida callejera florentina, prueba el panino al lampredotto en Famiglia Bambi: con picadillo de apio, zanahoria y cebolla cuesta aún 5 euros. O una hamburguesa de chianina en Enrico Lagorio. La plaza y el mercado son dos caras de la misma moneda: no se puede entender San Lorenzo sin el uno y sin el otro.

Por qué visitarlo

Tres buenas razones, prácticas, para poner la Piazza San Lorenzo en la agenda. La primera: concentración de obras maestras. En un único complejo encuentras a Brunelleschi, Donatello, Miguel Ángel y la Biblioteca Laurenziana, que por sí sola vale el viaje. La segunda: la mezcla de arte y vida cotidiana. No es un museo al aire libre: es un barrio vivo, con talleres, estudiantes y el ir y venir del mercado. La tercera: la comida. Entre el Mercato Centrale y los puestos callejeros puedes comer como un verdadero florentino con pocos euros. La basílica cierra los domingos, así que organízate: las entradas se compran en el claustro y te permiten ver también la cripta y el tesoro. Ah, y no olvides buscar la tumba de Donatello: es su último descanso.

Cuándo ir

¿El mejor momento? Temprano por la mañana, antes de que el mercado lo engulla todo. La luz rasante acaricia la piedra serena y la plaza está casi vacía, puedes fotografiar la basílica sin decenas de paraguas en el encuadre. Si eres noctámbulo, vuelve a última hora de la noche: las fachadas se iluminan y el silencio lo vuelve todo más teatral. En cuanto al año, el otoño tiene un aire especial: los colores cálidos, menos gente, los puestos que también venden productos de temporada. Pero en invierno, con el aire fresco y los mercadillos, tiene otro encanto. En verano es más caótico, pero por la noche los conciertos de jazz del Mercado Central en el primer piso hacen que el ambiente sea mágico. En fin, no hay un momento equivocado: solo hay que elegir qué Florencia quieres ver.

En los alrededores

Desde la plaza puedes completar la visita con dos paradas cercanas. La más inmediata es el Mercado Central: entra y piérdete entre los puestos, sube a la primera planta para probar algo o tomar un café. La otra es el Palacio Medici Riccardi, la primera residencia urbana de la familia Medici: su parte trasera da justo a la plaza, pero lo más bonito es la capilla con los frescos de Benozzo Gozzoli. Si te apetece algo diferente, en la calle de’ Ginori está La Ménagère, un espacio entre restaurante y tienda donde podrías parar para tomar un aperitivo. Y para los que aman los lugares secretos, no pierdas de vista el Museo Sant’Orsola, un antiguo convento del siglo XIV en restauración, que promete convertirse en un nuevo polo cultural.

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💡 Quizás no sabías que…

Pocos saben que la fachada rústica de la basílica es el proyecto nunca realizado de Miguel Ángel. Bajo el altar central descansa Cosme de Médici, mientras que Donatello está enterrado en el Claustro del Cañón, junto a su benefactor. Y si la Capilla de los Príncipes te parece desproporcionada, piensa que debía albergar el Santo Sepulcro de Jerusalén.