Torre Druso (Gscheibter Turm): torreón medieval en Bolzano

En el barrio de Gries, a dos pasos del arroyo Fago, se alza la Torre Druso: un torreón cilíndrico del siglo XIII, último resto del castillo de Treuenstein. Con sus almenas de cola de golondrina y el acceso original a 8 metros de altura, cuenta una historia hecha de defensas y leyendas. La visita es breve pero intensa, perfecta para quienes aman los lugares fuera de los itinerarios habituales. Esto es lo que no te puedes perder:
Alta 20 metros, con almenas de cola de golondrina y estrechas saeteras
Mención de 1231 como Trowenstein, en el corazón de Bolzano
Capilla de San Osvaldo adyacente y de la misma época
Restos de las murallas y vista a la antigua vía hacia San Genesio


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Copertina itinerario Torre Druso (Gscheibter Turm): torreón medieval en Bolzano
En el barrio de Gries en Bolzano, la Torre Druso (Gscheibter Turm) es un raro torreón del siglo XIII con almenas de cola de golondrina: una parada imprescindible entre historia, arquitectura y vistas al arroyo Fago.

Información útil


Introducción

**Torre Druso (Gscheibter Turm)** es una sorpresa en el barrio de Gries en Bolzano. Te encuentras allí, quizás por casualidad, y de repente ves este torreón del siglo XIII que se alza cerca del arroyo Fago, a lo largo del antiguo camino a San Genesio. Su forma cilíndrica y esbelta, sus almenas en cola de golondrina, las estrechas saeteras: todo habla de una Edad Media hecha de defensa y control del territorio. No es una torre imponente como otras, pero su presencia es magnética. Parece una pequeña joya urbana, rodeada de restos de antiguas murallas. Si amáis los lugares auténticos, este es el lugar perfecto para una pausa diferente al habitual paseo por el centro.

Apuntes históricos

La historia de la Torre Druso comienza en el **siglo XIII**: en 1231 se la menciona como *Trowenstein*, torre del homenaje del castillo de Treuenstein, construido por la familia homónima sobre una estructura más antigua. En 1497 un documento de Maximiliano I la llama *zum Scheyblingen turn*, es decir, ‘torre redonda’. El nombre italiano ‘Druso’ es en realidad una invención del siglo XVII del padre franciscano Ferdinand Troyer, quien se lo atribuyó al caudillo romano Druso el Mayor; mito luego reavivado por Ettore Tolomei en el siglo XX. En 1862, el propietario Karl Pieschl hizo añadir un palacete de estilo Tudor, según proyecto del arquitecto Sebastian Altmann, sobre los restos del antiguo castillo. En pocas líneas: una historia hecha de familias, leyes y algún malentendido.

  • 1231: primera mención como Trowenstein
  • 1497: mencionada como ‘torre redonda’ por Maximiliano I
  • 1862: adición del palacete Tudor

Arquitectura: una torre concebida para defender

Al mirar la Torre Druso se entiende de inmediato su función: **defensa**. Es cilíndrica, esbelta, de 20,10 metros de altura, con un diámetro interno muy reducido y muros gruesos. No hay ventanas, y el acceso original estaba a 8 metros de altura: hacía falta una escalera o una cuerda para entrar. Otra puerta, más arriba, conducía probablemente a un camino de ronda de madera. Los merlones en cola de milano y las estrechas aspilleras completan el cuadro. En la base, los restos de la muralla cuentan que no estaba sola: formaba parte de una fortificación más grande. He aquí por qué la torre, aunque pequeña, es tan fascinante: cada detalle tiene su razón de ser y habla de un tiempo en el que aquí se controlaba el paso hacia San Genesio.

La capilla de San Osvaldo y la mansión Tudor

Junto a la torre se encuentra la **capilla de San Osvaldo**, también llamada Oswaldkapelle, un pequeño edificio sagrado del siglo XIII, contemporáneo de la torre. Juntos forman un rincón medieval bastante poco común. Luego está el capítulo curioso: en 1862, sobre los restos del castillo, se construyó una **mansión de estilo Tudor** según el proyecto del arquitecto municipal Sebastian Altmann, por encargo del propietario Karl Pieschl. El resultado es una combinación inesperada: por un lado, el severo torreón medieval; por otro, un edificio decimonónico con referencias inglesas. A mí me gusta precisamente por esto: no es un monumento neutro, sino un lugar que muestra las huellas de distintas épocas, con una historia arquitectónica por descifrar.

Por qué visitarlo

1. **Es una pieza de historia poco conocida**: la Torre Druso no está entre los monumentos más famosos de Bolzano, y eso la hace especial.
2. **La arquitectura es única**: un torreón cilíndrico con almenas de cola de golondrina, tan bien conservado, es difícil de encontrar en la ciudad.
3. **Te hace descubrir otro lado de Bolzano**: lejos del centro concurrido, entre el arroyo Fago y las calles de Gries, se respira una atmósfera más recogida y auténtica.
Si sois aficionados a la Edad Media, o simplemente curiosos, merece una parada. Aunque solo sea para una foto, porque la torre es decididamente fotogénica.

Cuándo ir

El momento que prefiero es el **final de la tarde**, cuando la luz baja ilumina las almenas y se oye fluir cerca el arroyo Fago. El ambiente se vuelve aún más suspendido, casi fuera del tiempo. Si pasáis en un día despejado, realmente merece la pena. En cualquier caso, al ser un lugar al aire libre, se puede combinar con un paseo en cualquier momento. Pero el atardecer, os aseguro, tiene un encanto extra.

En los alrededores

En el mismo barrio de Gries pueden visitar la **Abadía de Muri-Gries**, un monasterio benedictino que merece un desvío: la iglesia es bonita y el estilo es muy diferente de la torre. Luego, si tienen ganas de caminar, la zona a lo largo del **río Talvera** ofrece una pausa verde a dos pasos de la ciudad. Con la Torre Druso, la capilla de San Osvaldo y estos vecinos, es fácil organizar una media jornada de descubrimiento, sin prisa.

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💡 Quizás no sabías que…

El nombre ‘Druso’ es una mentira fascinante: en el siglo XVII el padre franciscano Ferdinand Troyer inventó un vínculo con el general romano Druso el Mayor, y el mito fue retomado por Ettore Tolomei. La torre, en realidad, es un torreón del siglo XIII del castillo de Treuenstein. Al lado, la capilla de San Osvaldo, de la misma época, merece una mirada: juntas forman un rincón del Medievo casi intacto.