Introducción
Entrar en la Catedral de San Juan Bautista en Ragusa es como dejarse arrastrar por una ola de mármol y luz. La fachada barroca, con sus columnas imponentes y las tallas que parecen danzar, te recibe con una majestuosidad casi teatral. Sin embargo, no hay nada de falso: cada detalle, desde los dos relojes solares de 1751 hasta la cúpula revestida de cobre, habla de una historia de terremotos y renacimientos. Caminar sobre el atrio de piedra de pez de 1745, rodeado de balaustradas, te hace sentir pequeño pero parte de algo grande. Es uno de esos lugares donde el tiempo parece suspendido, suspendido entre las horas itálicas y francesas de los meridianos.
Introducción
Entrar en la Catedral de San Juan Bautista en Ragusa es como dejarse arrastrar por una ola de mármol y luz. La fachada barroca, con sus columnas imponentes y las tallas que parecen danzar, te recibe con una majestuosidad casi teatral. Sin embargo, no hay nada de falso: cada detalle, desde los dos relojes solares de 1751 hasta la cúpula revestida de cobre, habla de una historia de terremotos y renacimientos. Caminar sobre el atrio de piedra de pez de 1745, rodeado de balaustradas, te hace sentir pequeño pero parte de algo grande. Es uno de esos lugares donde el tiempo parece suspendido, suspendido entre las horas itálicas y francesas de los meridianos.
Apuntes históricos
Todo comienza después del terremoto de 1693, que arrasó gran parte de la ciudad. La iglesia original, bajo el castillo medieval, había quedado destruida. El 15 de abril de 1694 se colocó la primera piedra en la contrada del ‘Patro’, y ya el 16 de agosto del mismo año se celebró la primera misa. Pero la catedral tal como la vemos hoy es fruto de ampliaciones del siglo XVIII, con la fachada diseñada por Francesco Battaglia a partir de 1765. Fue consagrada solemnemente el 30 de mayo de 1778. En 1783 se levantó la cúpula, y en 1950, con la creación de la Diócesis de Ragusa, se convirtió en catedral. Desde 2002 forma parte del sitio UNESCO ‘Ciudades del Barroco Tardío del Val di Noto’.
Apuntes históricos
Todo comienza después del terremoto de 1693, que arrasó gran parte de la ciudad. La iglesia original, bajo el castillo medieval, había quedado destruida. El 15 de abril de 1694 se colocó la primera piedra en la contrada del ‘Patro’, y ya el 16 de agosto del mismo año se celebró la primera misa. Pero la catedral tal como la vemos hoy es fruto de ampliaciones del siglo XVIII, con la fachada diseñada por Francesco Battaglia a partir de 1765. Fue consagrada solemnemente el 30 de mayo de 1778. En 1783 se levantó la cúpula, y en 1950, con la creación de la Diócesis de Ragusa, se convirtió en catedral. Desde 2002 forma parte del sitio UNESCO ‘Ciudades del Barroco Tardío del Val di Noto’.
Cronología sintética
Aquí están los momentos clave de la historia de la catedral:
- 1693 – Terremoto destruye la iglesia original.
- 1694 – Inicio de la reconstrucción en la nueva Ragusa Superior.
- 1741 – Apertura al culto.
- 1751 – Instalación de los dos relojes solares en la fachada.
- 1778 – Consagración solemne.
- 1783 – Finalización de la cúpula.
- 1950 – Elevación a catedral.
- 2002 – Inclusión en el Patrimonio de la UNESCO.
Cronología sintética
Aquí están los momentos clave de la historia de la catedral:
- 1693 – Terremoto destruye la iglesia original.
- 1694 – Inicio de la reconstrucción en la nueva Ragusa Superior.
- 1741 – Apertura al culto.
- 1751 – Instalación de los dos relojes solares en la fachada.
- 1778 – Consagración solemne.
- 1783 – Finalización de la cúpula.
- 1950 – Elevación a catedral.
- 2002 – Inclusión en el Patrimonio de la UNESCO.
La fachada y los relojes solares
La fachada es una obra maestra de simetría y fantasía. Dividida en cinco partes por columnas corintias y pilastras almohadilladas, presenta tres portales: el central es un triunfo de columnas y estatuas (la Inmaculada, San Juan Bautista y San Juan Evangelista). Pero lo que roba la atención son los dos relojes solares de 1751, situados en el segundo orden. El de la izquierda marca las ‘horas itálicas’, que cuentan desde el atardecer hasta el atardecer; el de la derecha, las ‘horas francesas’, de medianoche a medianoche. Una curiosidad que cuenta dos formas diferentes de vivir el tiempo. A la izquierda se alza el campanario de 50 metros de altura, mientras que su gemelo de la derecha quedó inconcluso (solo la base, de 1820). Delante, el amplio atrio con balaustrada de piedra de pez de 1745 invita a detenerse y levantar la mirada.
La fachada y los relojes solares
La fachada es una obra maestra de simetría y fantasía. Dividida en cinco partes por columnas corintias y pilastras almohadilladas, presenta tres portales: el central es un triunfo de columnas y estatuas (la Inmaculada, San Juan Bautista y San Juan Evangelista). Pero lo que roba la atención son los dos relojes solares de 1751, situados en el segundo orden. El de la izquierda marca las ‘horas itálicas’, que cuentan desde el atardecer hasta el atardecer; el de la derecha, las ‘horas francesas’, de medianoche a medianoche. Una curiosidad que cuenta dos formas diferentes de vivir el tiempo. A la izquierda se alza el campanario de 50 metros de altura, mientras que su gemelo de la derecha quedó inconcluso (solo la base, de 1820). Delante, el amplio atrio con balaustrada de piedra de pez de 1745 invita a detenerse y levantar la mirada.
La estatua de madera de San Juan Bautista
En el interior, en el primer tramo de la nave izquierda, se encuentra una de las obras más queridas por los ragusanos: la estatua de madera de San Juan Bautista, esculpida por Carmelo Licitra en 1861. El santo aparece con rasgos duros, vestido con pieles de camello y manto rojo, con el Libro del Apocalipsis y un cordero. Se dice que Licitra se inspiró en el rostro de un mendigo, que luego desapareció misteriosamente. La estatua es llevada en procesión durante la fiesta patronal de finales de agosto. Pero no es el único tesoro: también notables son el cuadro de Dario Querci de la Inmaculada (1865), el gran órgano Serassi de 1858 con más de 3000 tubos, y la ‘talédda’, un enorme lienzo monocromo de la Crucifixión usado en Cuaresma.
La estatua de madera de San Juan Bautista
En el interior, en el primer tramo de la nave izquierda, se encuentra una de las obras más queridas por los ragusanos: la estatua de madera de San Juan Bautista, esculpida por Carmelo Licitra en 1861. El santo aparece con rasgos duros, vestido con pieles de camello y manto rojo, con el Libro del Apocalipsis y un cordero. Se dice que Licitra se inspiró en el rostro de un mendigo, que luego desapareció misteriosamente. La estatua es llevada en procesión durante la fiesta patronal de finales de agosto. Pero no es el único tesoro: también notables son el cuadro de Dario Querci de la Inmaculada (1865), el gran órgano Serassi de 1858 con más de 3000 tubos, y la ‘talédda’, un enorme lienzo monocromo de la Crucifixión usado en Cuaresma.
Por qué visitarlo
Tres buenas razones para no perdértelo. Primero: es un concentrado de la historia siciliana – desde el terremoto de 1693 hasta el Barroco UNESCO, cada piedra cuenta un renacimiento. Segundo: los detalles son sorprendentes, como los dos relojes de sol con medidas de tiempo diferentes, o el órgano Serassi, uno de los más grandes de Italia. Tercero: fuera de la catedral, los jardines laterales con ficus y palmeras ofrecen un descanso sombreado, y el cercano Palacio Episcopal alberga el Museo de la Catedral, con piezas únicas como un relicario de marfil del siglo XIV. En resumen, no es solo una iglesia, sino un viaje al Barroco siciliano.
Por qué visitarlo
Tres buenas razones para no perdértelo. Primero: es un concentrado de la historia siciliana – desde el terremoto de 1693 hasta el Barroco UNESCO, cada piedra cuenta un renacimiento. Segundo: los detalles son sorprendentes, como los dos relojes de sol con medidas de tiempo diferentes, o el órgano Serassi, uno de los más grandes de Italia. Tercero: fuera de la catedral, los jardines laterales con ficus y palmeras ofrecen un descanso sombreado, y el cercano Palacio Episcopal alberga el Museo de la Catedral, con piezas únicas como un relicario de marfil del siglo XIV. En resumen, no es solo una iglesia, sino un viaje al Barroco siciliano.
Cuándo ir
Para disfrutar de la fachada con la mejor luz, ve al atardecer: el sol bajo realza los tonos dorados de la piedra de pez y hace brillar los detalles de los relojes. Si puedes, elige el período entre junio y agosto: el 24 de junio se celebra la Natividad del Bautista, y el 29 de agosto la fiesta patronal con procesión y ‘sarcià’ (la tradicional cucaña). En esos días, la catedral está viva como nunca. Pero también en primavera u otoño, con menos gente, puedes admirar los interiores con calma. Evita las horas centrales del verano: el atrio está muy expuesto.
Cuándo ir
Para disfrutar de la fachada con la mejor luz, ve al atardecer: el sol bajo realza los tonos dorados de la piedra de pez y hace brillar los detalles de los relojes. Si puedes, elige el período entre junio y agosto: el 24 de junio se celebra la Natividad del Bautista, y el 29 de agosto la fiesta patronal con procesión y ‘sarcià’ (la tradicional cucaña). En esos días, la catedral está viva como nunca. Pero también en primavera u otoño, con menos gente, puedes admirar los interiores con calma. Evita las horas centrales del verano: el atrio está muy expuesto.
En los alrededores
A poca distancia (a pie, cruzando el puente que une las dos Ragusa) te espera Ragusa Ibla, con su laberinto de callejones barrocos y la espléndida Catedral de San Jorge, otra joya de la UNESCO. También en Ibla, no te pierdas el Jardín Ibleo, un parque público con vistas impresionantes al valle. Si quieres sumergirte en la historia, a pocos minutos en coche están las necrópolis de Cava d’Ispica, un sitio arqueológico excavado en la roca. Dos mundos diferentes, ambos imperdibles.
En los alrededores
A poca distancia (a pie, cruzando el puente que une las dos Ragusa) te espera Ragusa Ibla, con su laberinto de callejones barrocos y la espléndida Catedral de San Jorge, otra joya de la UNESCO. También en Ibla, no te pierdas el Jardín Ibleo, un parque público con vistas impresionantes al valle. Si quieres sumergirte en la historia, a pocos minutos en coche están las necrópolis de Cava d’Ispica, un sitio arqueológico excavado en la roca. Dos mundos diferentes, ambos imperdibles.