Castelbosco y el Museo de la Mierda en Gragnano Trebbiense

Castelbosco es una pedanía de Gragnano Trebbiense, a 12 km de Piacenza, donde se alza un castillo del siglo XIII con almenas, dos torres y restos del puente levadizo. Desde 2015 alberga el Museo de la Mierda, un museo único ideado por Gianantonio Locatelli, visitable solo con cita previa. La propiedad es también una explotación agrícola con unas 1.500 vacas lecheras y biodigestores que alimentan la energía in situ.
Castillo del siglo XIII con almenas, torres y puente levadizo
Museo de la Mierda desde 2015, con reserva
Merdacotta: objetos de diseño en estiércol cocido y arcilla
Explotación agrícola con 1.500 vacas y biodigestores


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Copertina itinerario Castelbosco y el Museo de la Mierda en Gragnano Trebbiense
Castelbosco, pedanía de Gragnano Trebbiense a 12 km de Piacenza, alberga un castillo del siglo XIII con almenas, torres y puente levadizo y el Museo de la Mierda, abierto con cita previa desde 2015.

Información útil


Castelbosco, un castillo que no te esperas

Castelbosco no es el típico castillo piacentino. Es una pedanía de Gragnano Trebbiense, a una docena de kilómetros de Piacenza, donde un caserón del siglo XIII con almenas, torres y restos de un puente levadizo esconde algo que no te esperas: una granja con unas 1500 vacas lecheras y, desde 2015, el Museo de la Mierda. Confieso que el binomio me dejó perplejo, luego lo entendí. Aquí la arquitectura defensiva y la ecología más cotidiana conviven sin escándalo, entre patios rurales y biodigestores convertidos en obras de arte. No esperes un museo polvoriento: Castelbosco está vivo, huele a establo y a historia, y precisamente por eso se queda grabado. Se admira desde el exterior y se visita con cita previa.

Apuntes históricos

Los orígenes de Castelbosco se pierden en la Edad Media. La construcción se remonta al siglo XIII, probablemente a manos de la familia Scotti, que dominaba esta llanura. El castillo entra en las crónicas solo en 1314, en un hecho de armas entre Nobles y Populares, y en el siglo XIV los asaltos güelfos lo destruyeron. En octubre de 1482 Antonio Maria Scotti obtuvo la licencia ducal para reedificarlo; en 1546 Pier Luigi Farnese elevó el señorío a marquesado para Marc’Antonio Scotti. En 1636 las tropas españolas lo dañaron y en 1737 allí murió el pintor Giovanni Battista Tagliasacchi. Los Scotti mantuvieron la posesión hasta 1818, luego pasó a los Galli, a los Nasalli Rocca, a los Chiapponi y finalmente a los Locatelli, que iniciaron la cría de ganado bovino y en 2015 el museo.

  • siglo XIII: construcción, quizá a cargo de los Scotti
  • 1314: primera mención en las crónicas
  • 1482: reedificación por voluntad de Antonio Maria Scotti
  • 1546: el feudo se convierte en marquesado
  • 1636: daños de las tropas españolas
  • 1818: fin del dominio Scotti
  • 2015: nace el Museo del Estiércol

El Museo de la Mierda

El Museo de la Mierda es la sorpresa de Castelbosco. Abierto en 2015 e ideado por Gianantonio Locatelli, ocupa diez habitaciones en el primer piso del castillo y cuenta una historia de ecología e innovación sin pelos en la lengua. Dentro encuentras pinturas, objetos, vídeos e instalaciones relacionadas con el estiércol: hay un display para el escarabajo pelotero e incluso un coprolito gigante. No faltan testimonios históricos sobre el uso de la caca desde el antiguo Egipto hasta la investigación científica moderna. Las obras firmadas por David Tremlett y por Anne y Patrick Poirier dan al recorrido un tono de galería de arte contemporáneo. A la venta hay vasijas, tazas y placas realizadas en merdacotta, una mezcla de estiércol cocido y arcilla. Solo se entra con cita previa.

Un castillo con almenas, torres y puente levadizo

El castillo tiene planta rectangular y proporciones reducidas, más parecido a una casa fortificada que a una fortaleza. Conserva almenas y las huellas de un puente levadizo con pseudo revellín, señal de un pasado defensivo. De las torres originales quedan dos: una elevada y reformada en varias ocasiones, la otra rebajada a la altura de las cortinas y cubierta por un tejado a una sola agua. La entrada principal se abre al jardín y desde aquí una escalinata sube al piso noble, donde un patio interior ilumina las estancias que lo rodean. Alrededor han crecido con el tiempo edificios rurales ligados a la actividad agrícola. También merece un desvío el Oratorio de Castelbosco, del siglo XVIII, de propiedad privada, de nave única y planta rectangular.

La granja que produce leche, energía y arte

Castelbosco hoy es, sobre todo, una explotación agropecuaria gestionada por Gianantonio y Tina Locatelli. Números que marean: unas 1500 vacas lecheras, 50.000 kg de leche al día entregados a la cadena del Grana Padano y nada menos que 150.000 kg de estiércol. De este mar de materia nace todo el proyecto. Ya desde 2007 la granja se alimenta con la energía producida in situ mediante biodigestores, y el excedente de electricidad se vende. Los propios biodigestores se han convertido en obras de arte gracias a David Tremlett, que ha contribuido a la visibilidad internacional de la explotación. La visita se enmarca así en una casa aún habitada, y eso hace que la experiencia sea concreta: no un museo abstracto, sino una granja real que ha decidido contar su historia.

Por qué visitarlo

Tres buenos motivos para apostar por Castelbosco. Primero: es único en Italia, no existe otro castillo del siglo XIII que albergue un museo dedicado al estiércol con obras de artistas internacionales. Segundo: es un ejemplo concreto de economía circular, donde 1.500 vacas producen leche, energía e incluso diseño, sin ocultar la parte menos glamurosa de la cadena productiva. Tercero: es un castillo piacentino auténtico, con almenas, torres y puente levadizo, que se admira en directo y que cuenta cómo el campo ha reutilizado sus edificios históricos. Añado una nota práctica: solo se entra con visita guiada y cita previa, así que nada de improvisaciones. Pero precisamente esta selección mantiene a los grupos unidos y permite escuchar de verdad la historia.

Cuándo ir

No existe una estación equivocada, pero la experiencia cambia bastante. Yo recomiendo un día de entretiempo, cuando el campo de los alrededores está verde pero todavía no hace calor, o un día otoñal con esa luz baja que realza las almenas y los ladrillos. Mejor por la mañana, cuando la granja está en plena actividad y hay movimiento alrededor de los establos: transmite bien la idea de un lugar vivo, no de un decorado. Evita el mediodía en pleno verano, con el bochorno de la llanura padana que no perdona. Recuerda que se visita con cita previa, así que el momento lo decides junto con la propiedad. La zona climática es la E, con inviernos fríos: en esa estación abrígate bien, porque en los patios exteriores el aire pica.

En los alrededores

Castelbosco se encuentra en una zona rica en fortificaciones menores. Si permanecemos en el municipio de Gragnano Trebbiense, encontramos Campremoldo di Sopra y Campremoldo di Sotto, con sus edificios históricos, mientras que en el territorio se cuentan otros castillos como Castelvecchio y Castelmantova: un pequeño sistema defensivo que conviene leer en secuencia. Un cuarto asentamiento, el Castellaro, ha desaparecido y solo sobrevive en el topónimo. Para completar la excursión puedes acercarte a Piacenza, la capital provincial, con su centro histórico. El consejo es no tratar estos lugares como etapas aisladas: la llanura de Piacenza está salpicada de castillos, y verlos uno tras otro ayuda a entender cómo estaba organizado el poder en el territorio.

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💡 Quizás no sabías que…

El Museo de la Mierda ganó el primer premio de diseño en la Milano Design Week 2016 gracias a la merdacotta, una mezcla de estiércol cocido y arcilla. En su interior se encuentran un coprolito gigante y un expositor para el escarabajo pelotero; los biodigestores han sido transformados en obras de arte por David Tremlett. El lema es ‘la sustancia sobre la forma’.